sábado, 20 de octubre de 2012

Contracuarteto en el 3er Festival de JAZZ.EU, Teatro de la Universidad San Sebastián, 18.10.2012.


Muchas veces se dice que un estilo está “muerto”, se ha dicho incluso con el rock y claro (muchas veces más) con el jazz: Tamaña tontera, porque ni en Chile el jazz podría morir ni menos considerarse estancado con bandas tan grandes como Ensamble Quintessence, La Kut (en un estilo más radical) o Contracuarteto. Estos últimos el Jueves estuvieron notables (por tiempo no pude ver a Fayçal Salhi Trio), quizá un tanto módicos en tiempo, pero dada la gratuidad, nada se puede reclamar. Comenzaron con “Bipolaridad”, veloz composición creada por Andrés Pérez y única composición del disco homónimo a la banda del 2008 que ejecutaron en esta oportunidad. Luego vino “Elegía”, una balada suave y triste como muchas de las creaciones de Lecaros, que contó con una ejecución perfectamente melancólica de Gallardo en flauta traversa. Es increíble lo versátil que es Contracuarteto, tanto como grupo como individualidad. Los 4 integrantes no tienen problemas de pasar de una tierna suavidad a una demencia absoluta, como quedará claro en “Letal viejita”, que posee una tremenda violencia arrítmica y que pone al límite los talentos de Gallardo en saxo alto y Andrés Pérez (y sus eternos bigotes mezcla de Marcel Proust y Dalí) en saxo tenor, intercalándose en un diálogo de mostros. Después fue el turno de “Ocasión”, nuevamente Gallardo en flauta traversa y otra composición suave. Finalizaron con otra del disco Sinestesia del 2011 y que es el emblema de lo que representa Contracuarteto: Valentía, improvisación, originalidad, belleza, conciencia, perfecta ejecución, etc., este tema es “F27”, que es una creación devastadora y una perfecta analogía o metáfora de los hechos ocurridos en aquella fecha. Inicia con una melancólica melodía en la que predomina la ejecución con arco de Lecaros en su contrabajo, para luego dar rienda suelta a la devastación con ejecuciones de Gallardo y Pérez que se acercan absolutamente al free-jazz, al vanguardismo y a la experimentación total. Gallardo sobresale por sus improvisación completamente “anti-académica”, ejecutando en su instrumento todas las técnicas o efectos experimentales posibles: slap-tongue, growling, flutter-tonguing, altissimos, etc. También se luce Carlos Cortes en batería con un estilo y fuerza que se diferencia de Félix Lecaros, no comparándolos obviamente en cuanto a calidad, ya que los dos son inmensos en sus instrumentos. Nada es eterno salvo las ideas y los sueños y estos cabros lo demuestran e intentan lograr no solo la inmortalidad de ellos mismos sino que se dan también a la tarea diaria de mantener vivo aquello que por sobre muchas cosas debe permanecer perenne.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012): Una vuelta.



Siempre me ha caído bien, me gustan sus personajes bizarramente obsesionados con su propia forma de ser (y la consiguiente redención), con sus propias manías, que son tratadas como si fueran normales, y es que quizás en el fondo todos tenemos manías raras y lo que se muestra en pantalla es algo que de alguna forma también nosotros tenemos. Digamos que nos representa. Digamos que talvez todos estamos algo tocados. Me cae bien el hombre, es un buen director, uno buenísimo, pero otra cosa es sentir total admiración y un gusto especial por su cine, tan solo me gusta un tanto, pero es digno de pensar, eso sí, de analizar. Rushmore es una buena película (similar en aspectos a la última). The Royal Tenenbaums no está tan mal (aunque se excede en humor y sensibilidad yankee). De The Life Aquatic with Steve Zissou no voy a hablar ya que es pésima y un traspie tremendo, casi inentendible, por aquello no la incluyo en el análisis. The Darjeeling Limited no está tan mal tampoco (pero con un estilo tremendo, y tan especial que es como ver cine entre la niebla, o con los ojos tapados o con audífonos en los oídos). Fantastic Mr. Fox no la he visto (no alcanza a llamar mi atención). Pero es un director maestro en las comedias del sufrimiento, de los traumas y impaciencias, transformándolas en situaciones que por momentos en lugar de producir drama producen humor (“¿El Humor? No sé lo que es el humor. En realidad cualquier cosa graciosa, por ejemplo, una tragedia. Da igual”. Buster Keaton). Ese es su estilo, esa es su marca, así como su forma de filmar, de componer los planos, encuadres, y plano-secuencias que por momentos uno podría pensar que es único en su técnica, pero a mi se me asemeja a Peter Greenaway en aquel aspecto, en esa elegancia y barroquismo técnico. La posibilidad de que en su cine exista una constante pesimista es certera, pero no es un pesimismo filosófico ni menos ontológico, es uno que nace de la capacidad abismante del destino de producir en el género humano el dolor y el trauma, un determinismo inequívoco (que siempre lo relaciona con los padres). Sin embargo, lo acompaña un simple y tierno final feliz, o sea, existe la posibilidad de que aquello expresado negativamente por el azar se transforme en un cierre positivo, en uno que termina el circulo vicioso existente. Quizás similar a Almodóvar y a un Tsai Ming Liang en casos. Una catarsis que siempre tiene la característica de ser colectiva. La ecuación, casi eterna, es: Mal (tristeza) – Redención (comprensión) = Bien (felicidad o tranquilidad), pero esto es traducir en 8 palabras algo mucho más bello y complejo.
 Moonrise Kingdom, su última película, es una vuelta a algo que realiza en forma notable, y que no hacía desde Rushmore, una vuelta a su virtud que había perdido en parte en algunos momentos y extraviado completamente en otros: El sufrimiento como hecho presente, no basado completamente en recuerdos, no tomando el pasado a cabalidad, sino que este pretérito conjugado directamente con el presente. Quizás ni el mismo se ha dado cuenta de que su mejor cine nace cuando habla del pasado (indirectamente) y del presente de sus personajes y de ellos con los hechos que le suceden actualmente. ¿Cuál será el motivo? La verdad es que aquello escapa de mi comprensión. Por otra parte, es una vuelta ya no tan excéntrica a una cosa maravillosa: la alegría (y la incomprensión de los otros. “El infierno son los otros”) de ser diferente, y lo difícil que es aquello en estos tiempos de globalidad in extremis, una vuelta a demostrar la complejidad de la adaptabilidad. En Wes Anderson mucho es trauma y mucho es ternura, mucho es negocio y mucho es independencia. Un jugador de dos estilos. Un Géminis. Moonrise Kingdom puede ser su mejor película, eso lo dirán los especialistas. Pero una cosa es cierta: hay que verla. ¿La Razón? La razón es simple: es una muy pero muy buena película.

jueves, 31 de mayo de 2012

Y el ganador es........

Nuevamente alzó la Palma de Oro el maestro Michael Haneke. Ya lo había hecho el 2009 con La Cinta Blanca, cinta de un poder visual y narrativo tan ambiguo que produce una confusión como solo un genio puede provocarla. Ese fue su deseo. Ahora, este 2012, levantó la Palma con su film "Amour", del cual no tengo idea, ni tampoco me interesa saber de que se trata ni los actores: Nada de Nada. La sorpresa con Haneke es el mejor amigo, llegar desnudo a sus filmes es un destino que se busca como un milagro.



jueves, 24 de mayo de 2012

Palma de Oro 2012

Este año Cannes al parecer será recordable. La presencia de directores tremendos así lo hace pensar.
Ya la sola presencia del magnífico Michael Haneke es suficiente en todo festival, como no recordar obras maestras como "El séptimo continente", "Funny Games" o la ya galardonada con la palma, "La Cinta Blanca". también se encuentran nombres que tienen un prestigio, pero que mucho les queda de carrera y desde luego, por decir: Thomas Vinterberg ("La Celebración"), Carlos Reygadas ("Batalla en el Cielo") o Matteo Garrone ("Gomorra"). También estarán maestros consagrados: David Cronenberg ("Inseparables"), Ken Loach ("El viento que acaricia el prado"), el genio Abbas Kiarostami ("A través de los Olivos") o el incombustible Alain Resnais ("El año pasado en Marienbad"), uno de mis favoritos.
Vamos viendo cuales son los candidatos: 

Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas (México)
On the road de Walter Salles (Brasil)
De rouille et l'os de Jacques Audiard (Francia)
Holy Motors de Leos Carax (Francia)
Cosmopolis de David Cronenberg (Canadá)
The paperboy de Lee Daniels (EEUU)
Killing them softly de Andrew Dominik (Australia)
Reality de Matteo Garrone (Italia)
Amour de Michael Haneke (Austria)
Lawless de John Hillcoat (Australia)
Da-Reun Na-Ra-E-Suh de Sangsoo Hong (Corea del Sur)
Do-Nui Mat de Sangsoo Im (Corea del Sur)
Like someone in love de Abbas Kiarostami (Irán)
The Angels'share de Ken Loach (Gran Bretaña)
Im nebel de Sergei Loznitsa (Ucrania)
Beyond the hills de Cristian Mungiu (Rumania)
Baad el mawkeaa de Yousry Nasrallah (Egipto)
Mud de Jeff Nichols (EEUU)
Vous n'avez encore rien vu de Alain Resnais (Francia)
Paradies: Liebe de Ulrich Seidl (Austria)
Jagten de Thomas Vinterberg (Dinamarca)
Moonrise Kingdom, de Wes Anderson (EEUU)

Es claro que la importancia del jurado es total. No es sino lo que determina quien es el ganador. Sin Tim Burton de presidente del jurado nunca le hubiesen dado la palma al genio de genios Apichatpong Weerasethakul con "El Tío Boonme recuerda sus vidas pasadas", o nunca a "Rossetta" de los Dardenne sin la presencia de David Cronenberg. Por lo cual es indispensable señalar quien el presidente del Jurado este año: Nanni Moretti ("La Habitación del Hijo") y la verdad es que no tengo opinión respecto a él, conozco su cine, pero se me dificulta saber con certeza quien es, cual es su alma. Me doy a la idea de que se inclinara por algo poco arriesgado y más bien convencional, ojalá no academicista.

Por otra parte, en la sección oficial Una Cierta Mirada competirán 20 filmes. Esta es una sección que siempre me ha gustado, sobre todo por la calidad y originalidad de sus participantes, los cuales son:

La playa de Juan Andrés Arango (Colombia)
7 días en la Habana de Benicio del Toro, Pablo Trapero, Julio Medem, Elia Suleiman, Juan Carlos Tabio, Gaspar Noé y Laurent Cantet (Cuba)
Elefante Blanco de Pablo Trapero (Argentina)
Después de Lucía de Miguel Franco (México)
Miss lovely de Asim Ahluwalia (India)
Les chevaux de Dieu de Nabil Ayouch (Marruecos)
Trois mondes de Catherine Corsini (Francia)
Antiviral de Brandon Cronemberg (Canadá)
Le grand soir de Benoit Délépine y Gustave Kervern (Francia)
Laurence anyways de Xavier Dolan (Canadá)
Aimer à perdre la raison de Joachim Lafosse (Bélgica)
Mystery de Lou Ye (China)
Student de Darezhan Omirbayev (Kazajistán)
La pirogue de Moussa Toure (Senegal)
Confession of a child of the century de Sylvie Verheyde (Francia)
11.25 the day he chose his own fate de Koji Wakamatsu (Japón)
Beasts of the southern wild de Benh Zeitlin (EEUU)
Renoir de Gilles Bourdos (Francia)
Djeca de Aida Begic (Bosnia-Herzegovina)
Gimme the Loot de Adam Leonun (EEUU)

Ojalá gane el de espíritu más inquieto.


martes, 22 de mayo de 2012

Mogwai en Chile, 17 de mayo de 2012, Teatro La Cúpula, Santiago (Un universo entero)


La primera vez que intenté ver a Mogwai en vivo por la web (sin saber que incluso habían venido a Chile hace muchos años) me senté a observar con la esperanza de cumplir mis anhelos. Creía que en aquellas partes en que la composición se hacía más violenta expresaban esta emoción de una forma gráfica y explícita; por otra parte no esperaba más que una excelente interpretación en las zonas más calmas, espaciales, sentimentales o contemplativas. Así que al empezar a tocar luego de una hora y diez minutos de retraso, solo me dediqué a corroborar la idea que me hice aquella vez: Suene como suene lo que toquen la actitud de Mogwai en escena es de concentración total y toda emoción nace única y exclusivamente de sus notas, su manera contenida y algo distante de asumir la ejecución en vivo es algo que impacta y salvo algunos arranques de uno de sus guitarristas (Stuart Braithwaite) se mantienen casi inamovibles en sus puestos y espacios. 



Nada de todo lo antes dicho empeña de modo alguno la efusividad y expresividad de la música compuesta por estos escoceses, ya que se basta así misma, en un absoluto de tonos y matices, que danzan en una sala llena de perfección y romanticismo, es la emoción de cada tema la que hace que Mogwai sea tan accesible al alma de cada uno. Esas especiales galimatías de algunas obras que parecen gemidos de dolor, tal como en Killing all the Flies (cuarta pieza que ejecutaron) o Hunted by a Freak (de penúltimo o en 14º lugar) son las que llegan a sectores de sufrimiento individual e incluso de una catarsis de autocompasión ante lo insolente de la vida. Existen también paisajes suaves ante los cuales la única opción es la contemplación, el tono sencillo, místico, incólume y minimalista entierra los momentos de desdicha. Momentos blancos, grises, negros. Por otros instantes pasan directo a la rabia o a un in cresccendo furioso y salvaje, incluso al ruidismo o noise de guitarras saturadas y extremas como en Rano Pano o Ratts of the Capital. Mogwai es un mundo, es un bosque, donde todo nace, de lo más  pequeño a lo más grande, donde todo importa y nada sobra, todo se encuentra o se aleja nunca gratuitamente, razones y conceptos hay en todo aquello, es un universo, uno inmenso, complejo y bello.

Setlist:

  1. White Noise (Hardcore Will Never Die, But You Will, 2011)
  2. I´m Jim Morrison I'm Dead (The Hawk is Howling, 2008)
  3. Rano Pano (Hardcore Will Never Die, But You Will, 2011)
  4. Killing all the Flies (Happy Songs For Happy People, 2003)
  5. Stanley Kubrick (EP, 1999)
  6. How To Be A Werewolf (Hardcore Will Never Die, But You Will, 2011)
  7. Travel is Dangerous (Mr. Beast, 2006)
  8. I Know You Are But What Am I (Happy Songs For Happy People, 2003)
  9. Mexican Grand Prix (Hardcore Will Never Die, But You Will, 2011)
  10. Ratts of the Capital (Happy Songs For Happy People, 2003)
  11. 2 Rights Make 1 Wrong (Rock Action, 2001)
  12. Mogwai Fear Satan (Mogwai Young Team, 1997)
  13. New Paths To Helicon, Pt. 1 Ten Rapid (Collected Recordings 1996-1997)
  14. Hunted By A Freak (Happy Songs For Happy People, 2003)
  15. Batcat (The Hawk is Howling, 2008)


jueves, 19 de abril de 2012

Steven Wilson en Chile, 18 de Abril del 2012, Teatro Caupolicán.



Al llegar una tremenda playa monocromática nos daba la bienvenida a lo que puede ser el mundo de Steven Wilson. Oscura y amplia, casi infinita. La arena del mar o del desierto se muestra apacible como si estuviera a la espera de algo que transforme esa tranquilidad y otorgue respuesta a un furioso mar o al incontrolable viento. Las arenas de Wilson se deslizan por todos los ámbitos desde el ambient de Bass Communion hasta el metal progresivo de sus proyectos solistas, pero no se traducen esas diferencias solo a bandas, sino que en cada una hace explícita esa diversidad sónica. Un pequeño grano de arena es parte importante en un todo, cada nota, cada sonido forma el único y complejo universo compositivo de este delgado inglés.
 Un mar terrible amenazó aquellas tranquilas arenas con “No Twilight Within The Courts of the sun”, haciendo que toda la densa fiesta comenzara, un gran Adam Hotzman se lucía en un solo de teclado. Un Wilson que pocos minutos antes había ingresado al escenario, luego de los restantes 4 integrantes, se percibía algo apático producto de una malla que formaba parte de aquello que ya Pink Floyd hace años intentaba graficar: la distancia entre lo que se ve y lo que es realmente, o una muralla de incomunicación entre lo que debiera conectarse, una venda en los ojos de todo el mundo. Wilson, es sabido, no solo le importa la música, sabe muy bien que la estética, luces, pantallas, etc., componen un conjunto que da valor agregado a un show que musicalmente por si solo ya es de lo mejor que se ha escuchado.
Luego, la tormenta dio paso a otro matiz en la escala de colores de Wilson: La algo industrial “Index”, para que luego las tranquilas arenas se dejaran llevar por afectuosas y dulces brisas que hacían volar poco a poco las partículas de la eterna erosión: “Deform to Form Star” sonó conmovedora, esperanzadora y profundamente tierna y emotiva, así como también dio paso a ese lado algo femenino de Wilson, o andrógino, que se confunde en un juego de ambigüedad y extrema sensibilidad. Estas dos piezas dieron la sentencia: Wilson es un buscador incansable de la perfección.


“Sectarian” se inició con sus conocidas tinieblas, dando luego cabida a un largo solo de teclado para dar paso, por segunda vez, a la extraña (experimentación rítmica) y cortante violencia de esa pieza, que en gran medida se debe a la batería de Marco Minnemann y al bajo sobresaliente de Nick Beggs, sumado a un juego de luces extraordinario que otorgaba una atmósfera ya no solo lóbrega sino también poderosamente tenebrosa, una playa abandonada en el fin del mundo, el abandono en el desierto, y así sacar la venda que existía entre Wilson y su público ¿La venda dejó de existir o es que ahora solo no es visible?. No es algo fácil de responder con palabras y es por ello que “Postcard” sonó a una serena y consoladora explicación a un mundo que vaga sin gusto a nada y a todo a la vez.
“Remainder The Black Dog” y su paranoica suavidad inicial acompañada de unos orgánicos y atmosféricos sonidos (como gran parte de la noche) provocados por Niko Tsoney, luego un Theo Travis (Genio, virtuoso, maestro y todos los adjetivos que pudiesen demostrar lo grande que puede llegar a ser) que daba toques de jazz al concierto con unas escalas maravillosas en su clarinete, que desenterraban sentimientos lisérgicos, más aún al finalizar el tema con su flauta traversa completamente drogada en flutter tonguing. “Harmony Korine”sonó en su poderoso valor de single con su letra ambigua y eterea, despertando incluso a los que poco sabían que hacían ahí. Pasadas estas dos violentas odiseas se asomaron nuevamente las tranquilas partículas en suspensión de “Abandoner” (salvo aquella escena lúgubre y caótica del final) y “Veneno para las Hadas”, que nos llevaron a la calma que viene luego de una inclemencia, nuevamente nos encontramos caminando solos por una arena inquieta, dejando nada atrás, ni siquiera nuestras huellas, nada pesamos en ese baile melancólico.


A continuación Wilson y compañía presentó un nuevo tema: “Luminol”. Un tema que obviamente hay que escuchar un par de veces más para intentar siquiera hablar de él, pero que a primera escucha sonó bastante agresivo y progresivo, lo cual siempre es bienvenido.
Luego vino “No Part of Me” que con la belleza de “ I know that love for you was just security / There´s NO PART of me in you” y un stick tremendo de Nick Beggs cautivó a todo un coro nacional,  y finalizó con un solo de clarinete de Theo Travis que dejó boquiabierto hasta al mismo John Coltrane en el otro mundo, sobre todo por su growling demencial.
Con “Raider II” se desató una tempestad, una tormenta de arena, una catástrofe sónica de abismante oscuridad en su inicio tenebroso (casi fílmicamente de terror). La tormenta poco a poco fue entrando por nuestros sentidos, con un Wilson que cantaba enrabiado, una intermitente flauta traversa de Travis que parecía un encantamiento mágico, un coro de teclado, para pasar a la lisérgica violencia de metal progresivo que impresionó por su fuerza descomunal en un ascenso musical que llega hasta un universo sónico devastador. Travis hizo nuevamente de las suyas con un solo de saxofón soprano de dimensiones tremendas que rozaban la genialidad. Entre el viento, el reventar impetuoso de las olas, la endemoniada arena, era difícil comprender la magnitud de lo que se vivía y solo el instinto inconsciente emanaba a pasos animales con vehemencia de dementes. Más de veinte minutos de una composición que desearía fuera eterna. No quedaba otra al finalizar el tema que aplaudir de pie a rabiar a estos maestros, a insultarlos en éxtasis de admiración, a gritarles en su cara lo geniales que podían llegar a ser. La orgía sónica había sido de tamaños insospechados, ya que rara vez algo en la vida puede llegar a tener tanto valor. Aquellas sensaciones sin duda serán irrepetibles.


Uno a uno fueron desapareciendo del escenario, para volver luego del aullido al unísono de un público que deseaba mucho más luego del anterior “Raider II”, así que aparecieron nuevamente en escena aplicándose en “Get all you Deserve” cada uno con distintas máscaras bizarras, en una composición suave y simple en un principio pero que da lugar a un precipicio sónico de distorsión, efectos de guitarras realizados con locura por parte de Niko Tsoney, la tormenta se había desatado nuevamente, teclados embrujados, y un sinnúmero de ruidos que conforman un salto al vacío desde el cielo a un remolino de deseos, de cosas perdidas, un torbellino de ausentes con el cual nuevamente terminaron, se despidieron y se retiraron.
Las arenas parecían que ya no se agitarían, sin embargo, Steven Wilson volvió con su guitarra electroacústica, y demostró que se debe en plenitud a su público, sabe que muchos (sino todos) llegaron a él a través de Porcupine Tree y por ende no puede dejar de satisfacer de algún modo esa terrible necesidad. Es por ello que tocó primero “Lazarus” y su “Follow me down to the valley below / You know / Moonlight is bleeding / From out of your soul” sonó como una plegaria, como un ruego elevado al cielo, y luego “Trains” logró lo que debe lograr una composición como ella, o sea, su aparente simpleza y su conmovedora melodía nos llevaron incluso a la emoción más profunda que se hermana de algún modo al llanto. Un tema final esperado, y que satisfizo de algún modo un deseo proveniente desde hace muchos años.


Steven Wilson más allá de ser un gran músico, compositor, interprete, guitarrista, vocalista, tecladista, etc., es un ser humano tremendo: es capaz de entregarse en una presentación por completo, más allá de lo musical (porque suena muy cercano a la perfección o en ella misma) ya que está preocupado hasta del más mínimo detalle en su show, ya sea de las visuales, las luces, colores, si incluso las visuales están desde que uno llega al establecimiento. Eso demuestra que te estima, que te considera algo esencial en él, y por ello es que te premia, te regala todo lo anteriormente dicho. Steven Wilson se traía algo tremendo entre manos y fue recibido con los brazos más que abiertos. 

domingo, 15 de abril de 2012

Tulallvay, Dayanandrea y La Kut en Bar Santa Filomena, 12 de Abril 2012


El verano ya se acabó. Los niños van creciendo. El jueves fue el primer día en que las nubes grises reinaron y la lluvia algo amenazó. Los niños ya dejan de jugar. La Tierra se aleja del Sol. La noche se acercaba. Los niños dejan de ser niños. El todo como un gran sistema que decrece, o que va creciendo, como se quiera. Una escala inmensa en la que Tulallvay era el primer peldaño, los niños en la música, en un juego lúdico y valiente, adoleciendo de esa rica inmadurez que lleva a llamar la atención, a querer hacerlo todo, a desear convertirse en un aleph visible. Que valentía tienen esos niños grandes, la rebeldía, desparpajo y desenfado para tocar una especie de jazz sinfónico, al estilo un tanto más básico que  algunas bandas del R.I.O. como Univers Zero, pero no tan oscuro, es quizás lo módico del escenario lo que no les permitió al fagot y la tromba o tuba (no lo recuerdo) sonar adecuadamente, o la potencia del gran saxofón alto de la banda y del dúo de clarinetes que se comieron incluso a una batería poco inquieta, al igual que una guitarra algo deslucida un tanto más por placer que por querer sonar técnico y correcto en ejecución, supongo. En su afán de abarcar amplios registros caían en un desorden sónico que confundía, además sonaban todos a la vez en gran parte del tiempo, incluso dejando de lado el contrapunto. Se dieron incluso el lujo de hacer covers de melodías alejadas de la intelectualidad, riéndose de los que estábamos ahí esperando solo lo contrario, es quizás al final con la agregación de un magnífico violín y otro saxofón que nos dieron en el gusto, sonando por primera vez como una verdadera orquesta. Los niños  se tomaban su espacio y desordenaban con su espíritu un Bar Santa Filomena algo opaco a esa hora, y tal como su nombre, todo se trato de un juego.

  
¿Qué hace Dayanandrea y la Kut tocando en un Bar tan pequeño, ante tan poca gente y sonando nada en los medios? Que ganas de que todo el mundo pudiera gozar con esta música. ¿Qué mierda hacen estas bandas tocando en Chile? La música en alguna parte se perdió, siguió siendo música e incluso puede llegar a ser buena, pero lo cierto es que lo que se considera bueno hoy dentro de esas esferas es tan solo mediocre y simple. ¿Cómo mierda hacer para que estas bandas puedan seguir su camino independiente y a la vez subsistir?

Dayanandrea es una banda notable, eso se sabe por sus discos. Antes quizás, cuando eran aún más jóvenes, tenían un sonido algo más dadaísta, pero actualmente, por lo que pude percibir ayer, están en un contexto un poco más serio y menos lúdico, metal quizás, incluso una grácil y encantadora violencia está adornando sus composiciones. Los jóvenes de ayer ya no son los mismos. Ese baterista que tienen ya se lo querría cualquier banda, una técnica preciosa y precisa, repartiendo baquetazos con la habilidad de solo quien conoce su instrumento a la perfección, todo lo realiza con un ritmo despiadado y con un estilo para tocar que va muy en línea de lo que quiere demostrar la banda, más allá de máscaras y disfraces, sino una actitud extraña y bizarra que transmuta en una actuación y expresión corporal. Un sonido cortante por momentos y por otros, los más, armónicos y progresivos. Un bajo impecable y dotado de gran talento e imaginación, gran juego de Slap y Pluck  (violento por momentos y otros algo más funk) al igual que Hammers muy talentosos, un instrumento que da poder y velocidad a los vientos y bronces del virtuoso clarinetista Palermo (así le puso un amigo) que se desenvolvía por intrincadas escalas, growlings y furlattos, y a ese par maravilloso de mujeres, en saxo alto una y saxo tenor y clarinete la otra, que como ellas quedan pocas: Valentía, ímpetu femenino, absurda sensualidad. En lo estético influenciado por The Residents y algunas cosas de los principios de Mr. Bungle y otros, pero musicalmente tienen una línea diversa quizás más apegado al Jazz-Rock de ¿Nazca, Henry Cow, Univers Zero? o ¿Moonchild, Combat Astronomy?¿Stravinsky, Bartok, y un cuanto hay en lo docto? no sé, pero es que cuesta encontrar algo idéntico tanto en el sonido tomado como composición como por instrumentos, ya que no cuenta con guitarra, sino directamente se relacionarían con Akineton Retard o Panzerballet, y es quizás los vientos y bronces lo que hace pensar directamente en aquello, un Dün menos instrumentalizado o Magma puede ser por la oscuridad y sutil violencia o derechamente Zu, sobre todo del disco en que participa Mike Patton. Bueno, da lo mismo, la hacen de oro. Una banda que se entiende a la perfección y que  hace que hasta las cosas aparentemente simples (tasitas metálicas) suenen realmente complejas en lo espiritual dentro de una atmósfera de misticismo oscuro.


La experimentación que hace el quinteto La Kut es admirable y envidiable. Los jóvenes se han convertido en adultos y tratan de alejarse de lo aprendido y experimentan con ello. Si Dayanandrea era perfección y corrección sónica, La Kut era pura experimentación y por momentos ruidismo. Un free jazz apegado al R.I.O. o al rock psicodélico/progresivo, por tratar de clasificar. Una libertad armónica que pasaba por momentos en que la guitarra sonaba a notas improvisadas al estilo de Derek Bailey o Fred Frith y por otras apegado a lo hecho por Robert Fripp, un bajo frenético similar a Bill Laswell con una energía tremenda y un juego de dedos a velocidad descomunal. El saxo alto es espectacular, más allá de la utilización de efectos como el uso de la difícil Respiración Circular, entregaba una propuesta densa e impura (en un sentido similar al de Bazin en el cine, o sea, sabiendo la técnica para lograr la evolución hay que destruirla).Incluso se dieron el lujo de realizar una adaptación de una pieza de  Mulatu Astatke, Yèkèrmo Sèw, que aparece en Floras Rotas de Jarmusch, eso demuestra lo ecléctica de la banda, llegando al lado étnico del jazz, y por otras el saxofón sonaba a free-jazz pero no tan cercano al de Coleman, sino más bien al de Peter Brotzmann o de Sun Ra (cuan grande puede llegar a ser Sun Ra !!!!!) La trompeta hacia su aporte también, pero no pude escucharla del todo ya que ya era bastante tarde, y es acá que aprovecho de hacer una simple crítica: el flyer decía que empezaba a las 22:30, pero con suerte empezó pasado las cero horas, por ende, la Kut empezó a tocar como las 3 de la mañana, ya a esa hora la capacidad cognitiva está completamente disminuida, ya sea por la falta de sueño, las obvias cervezas o por la jornada laboral, por ende, escuché tan solo un trozo de la presentación de la Kut. Con cariño pido que ojalá respeten los horarios de los shows porque la verdad es que la incertidumbre es mala amiga del público.
La Kut es una gran banda, de grandes músicos de una madurez tremenda, por los momentos en que pude escucharlos me recordaron al Just Us de Elton Dean o al The End of an Ear de Robert Wyatt, esos exquisitos discos en los cuales cada instrumento realiza su pega en el momento preciso, esperando durante largos instantes su oportunidad para encantar.
Los niños se transformaron en jóvenes y estos en adultos. Los juguetes se han transformado en conceptos. Los afanes se han convertido en realidades. Los que eran un día han florecido. La noche ya había caído.