lunes, 26 de marzo de 2012

Lo que se viene: Opeth.


Hay cuatro bandas que hoy por hoy llevan adelante una parte de la música, el llamado rock/metal progresivo, las 4 tienen el valor de experimentar a niveles que ni siquiera a sus seguidores les puede gustar en demasía, pero eso mismo es lo que las hace ser más grandes que otras: Una de ellas es Porcupine Tree (aunque el último disco dejó bastante que desear), otra es The Mars Volta (idem a la anterior, siendo este más bien malo, aunque con la calidad de los anteriores más los trabajos de Omar Rodriguez-Lopez se les perdona hasta 10 discos seguidos malos), otra es Mastodon (la cual está en mejor pie que las anteriores, un paso arriba quizás, en el climax de su carrera debido principalmente a sus dos últimos discos: la maestría Crack in the Skye y The Hunter). Finalmente, la última de las bandas es la que se presenta mañana en el Caupolicán, es decir, OPETH.

Por mi parte desearía que se cargaran a los temas más melódicos, incluso los más melancólicos y oscuros, aquellos de composiciones más complejas, y no tanto hacia aquel lado bastante más violento y metal, o que tocaran aquellos en que se experimenta más. Por eso, ojalá tocaran entero su último disco, Heritage, ya que en este se cumple con todos los requisitos que exijo. No sería malo que se pasaran por temas como Patterns in the Ivy II, o por In My Time of Need, Harvest o Hope Leaves, grandes temas que representan como nadie el progresivo más oscuro, quizás peliando en la cima solo con Anekdoten.

Ahora, el setlist de mañana es más que claro, echando una mirada por la web queda claro que él está completamente acordado de antemano: están tocando casi los mismos temas.

El setlist para esta gran banda pareciera que será el siguiente:

The Devil's Orchard (“Heritage”, 2011)
I Feel the Dark (“Heritage”, 2011)
Face of Melinda (“Still Life”, 1999)
Slither (“Heritage”, 2011)
Credence (“My Arms, Your Hearse”, 1998)
To Rid the Disease (“Damnation”, 2003)
The Lines In My Hands (“Heritage”, 2011)
Folklore (“Heritage”, 2011)
Heir Apparent (“Watershed”, 2008)
The Grand Conjuration (“Ghost Reveries”, 2005)
The Drapery Falls (“Blackwater Park”, 2001)
Deliverance (“Deliverance”, 2002)

 No es malo y completamente representativo de la banda. Ahí estaremos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Masada (John Zorn) en Chile, 14 de Marzo 2012, Teatro Caupolicán, Santiago.




       Fila 10, Asiento 10. Buenos números me acompañaban. Nada de estar parados, a Zorn se lo contempla, así que todos sentados, tal como cuando se lee un libro, se ve una película  o se piensa un poema. Minutos antes de empezar el ambiente es de exquisita ansiedad, pocos conversan, muchos se miran, expectantes, rostros algo incrédulos ante la irrealidad que se convertía en realidad: John Zorn, el más connotado compositor docto jazzístico avant-garde (y todos sus experimentos y nomenclaturas, pasando incluso por el death metal) en Chile. Y el que no lo ha escuchado de eso se pierde ni más ni menos. Más de 200 discos lo avalan. Nueve en punto sale Zorn y compañía, o más bien Masada en pleno, aunque componga y se trate de un proyecto creado totalmente por Zorn. El equipo formaba así: Dave Douglas en trompeta, Greg Cohen en contrabajo, Joey Baron en batería y el capitán John Zorn en saxofón alto. Tremendo ensamble.
        Masada es una banda compleja de jazz, en la cual se mezcla el klezmer (música judía), el free jazz, la vanguardia y la improvisación, siendo estos solo los ingredientes principales ya que tienen tantas influencias como música existe. Jazz étnico. Una influencia clara en Masada, así como casi todo el trabajo de Zorn, es la obra del majestuosísimo y adoradísimo Ornette Coleman, o sea, avant-garde jazz y free jazz puro y duro, violento, veloz, radical y rebelde. Claro es que esa es una parte de Masada ya que por otros pasajes la influencia de las raíces jewish se sienten con notoria fuerza.
         Me es difícil indicar que composiciones se llevaron a cabo. Un setlist es siempre complejo de señalar tratándose de Masada, tanto por la improvisión como por su extensa discografía que comprende diez discos de estudio (todos de títulos de letras del abecedario hebreo: Alef, Dalet, Tet, etc.), más los discos del Book 2, sumado a un sin fin de discos en vivo, en los cuales la improvisación pasa a veces a ser composición, otras tantas toman temas de otros ensambles de Zorn como Bar Kokhba, Masada String Trio o de Electric Masada (y viceversa), y solo después de buscar lo he encontrado:
01- Tharsis (no editada)
02- Sippur (The Circle Maker: Issachar, Masada String Trio)
03- Mibi (Azazel: Book Of Angels Vol. 2, Masada String Trio)
04- Rahtiel (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
05- Beeroth (Masada Vol. 05: Hei)06-Kochot (Masada Vol. 09: Tet)
07- Tagriel (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
08- Haamiah (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
09- Hath-Arob (Masada Vol. 07: Zayin)
10- Psisya (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)



          Esta vez todo se trata de una cosa. Acá no hay egos ni personajes. En el Caupolicán solo existió una cosa: MÚSICA, con letras más que mayúsculas, como si fueran pintadas sobre la cordillera. Solo de eso se trata ahora y más que nunca. No hay pirotecnia, no hay caretas, no hay grandes juegos de luces, tal como con una orquesta sinfónica, esta vez se trata solo del sonido y la interpretación. Tocan y gozan, tratan de superar la limitación que asigna el momento y el ritmo que lleva el otro, incluso se desafían en un juego que se impone por admiración y destreza, por superar, no por triunfar sino por hacer crecer al otro.
         Nada de lo que se pueda escribir o decir hará verdadera justicia. Todo es poco, incluso obtuso.
         Mil técnicas, mil sonidos incluso los imposibles, los secretos, los que no se escuchan en nadie más. Años de trabajo y experimentación con el saxofón han llevado a Zorn a ser un mago, que saca y saca trucos de su sombrero de bronce. Escalas larguísimas, tonos agudisisisisisimos, violentos por momentos y suaves por otros, acordes que recuerdan a su trabajo en Naked City y al segundo siguiente rememoran composiciones dignas del Ballads de Coltrane. Técnicas ortodoxas y por otras completamente anti-académicas, como cuando tapa con la pierna la campana del saxofón, o como cuando juega con la boquilla o más bien la caña, casi como succionándola, provocando un ruido extraño pero de una vitalidad enorme. Escalas que no solo avanzan, pasando por cuanta llave o platillo se apriete, sino que crecen en volumen, llegando a tonos graves de gran profundidad que llegan remecer a quien lo escucha. No solo un demonio habita en su boca, dedos y alma, sino que existe otra cosa, algo extraño y oculto, hermoso a la vez, que transmuta en vida al tomar su instrumento y que desaparece inmediatamente una vez utilizado, algo proveniente sin duda de tierras a los que pocos acceden.
          Greg Cohen es quien talvez pone la parte melancólica al conjunto. Su contrabajo suena antiguo, suena a recuerdos, a vidas pasadas reunidos en él. Es como si tantos que como él se hicieron del instrumento (o el instrumento se hizo de ellos) trataran se posarse sobre sus cuerdas. Un halo de tranquilidad lo rodea, algo de tristeza también. Algo que quizás proviene del malogrado en su momento pueblo judío, puede que me equivoque pero sus notas saben a dulce congoja, y aquellas tiñen por instantes de desconsuelo el sonido de Masada. Parte esencial del grupo.
         En la trompeta se encontraba Dave Douglas, quien parece ser el más recatado, no en cuanto a su capacidad interpretativa ni menos a su habilidad con el instrumento que no están bajo ningún respecto en duda, sino que me refiero a su especial personalidad que es más bien de músico y de artista trabajado, no denota una locura desmedida como ocurre con los otros integrantes, y si la tuviera es de aquellas demencias que se manifiestan a través de estados de tranquilidad, algo más de contemplación, que a veces rompe con tonos y técnicas imposibles, sumado a un juego de dedos rapidísimos. En los momentos suaves recuerda perfectamente al Miles Davis de Blue in Green (tema del Kind of Blue) y en los momentos más veloces se le nota comodísimo, al igual que en la improvisación. Gran y tranquilo músico.

       Joey Baron era a quien yo más esperaba, su locura y disposición a la destrucción / construcción es más que llamativa. Claro, a Zorn lo esperaba pero por Baron había otra cosa: Sorpresa, eso quería, que me sorprendiera tal como tantas veces lo ha hecho, ya sea con Fred Frith en el Allies, con Zorn en incontables veces (Spy Vs Spy, para que hablar más), en Naked City, en cuanto conjunto me lo he topado, etc. Es talvez sus gestos al tocar, pasando de la risa algo inocente a la concentración total, a sus técnicas, a su improvisación y su espectacular ritmo. Un niño jugando con tierra y agua. O quizás es cariño derechamente por ser el baterista de una de mis bandas favoritas: The Moonchild Trio. Un genio más que dotado técnicamente, y con aquella hace y deshace. Un espectáculo ver como disfruta tocando.
      Fila 10, Asiento 11, me corrieron un asiento, igualmente mis números son buenos. Zorn ha dejado que toquen, que se explayen en su destreza, otras veces se ciñen a la composición, otras el dirige a gusto y con fuerza, con un par de señas todo se comprende. Zorn anima a Baron a que toque con mayor velocidad. Parece todo tan fácil. Un equipo perfecto, todos agregan, además de su instrumento, su toque, su personalidad al ensamble, su esencia. Cuatro partes de una máquina ideal. Eso es Masada y un millón de cosas más. 10.20 termina el show después de salir del escenario por tercera vez. Un poco corto, más bien bastante. Una hora y veinte es poco, pero aunque hubiesen sido 2 o 3 horas igual hubiese quedado con gusto a poco, puesto que con Zorn siempre hay mucho paño que cortar.

lunes, 12 de marzo de 2012

Luz y Sombra en Cannes.


         Uqbar Editores en su Colección de Cine tiene una serie de libros maravillosos. Todos de excelente calidad y de una edición magistral. ¿Qué es el cine moderno?, El Cine de Raúl Ruiz, Evidencia Física, El Cine de Patricio Guzmán, son algunos nombres de la colección que he tenido en mis manos. La mayoría de ellos nacidos a partir de la unión del Festival de Valdivia y la editorial, todo conjugado por alguien que algo sabe de cine: Ascanio Cavallo (aunque hoy por hoy es un crítico algo superado).
El libro, que aún no termino, trata de las peripecias de dos críticos argentinos: Quintín y Falvia de la Fuente. Esta pareja son creadores de la revista de crítica de cine "El Amante", y que en esta oportunidad se reunen textos escritos durante 9 años seguidos en el Festival de Cannes, desde 1997 hasta 2005. 
        Lo genial del libro es que no solo se trata de crítica pura y dura, sino que también de casualidades que se dan en aquel mundo, de situaciones incómodas y agradables conjugadas en todo momento con críticas de películas que ven cada día. Seis por día en algunas oportunidades. Comidas en restaurantes malos y otras en buenos, todo una vida nueva ante las pantallas del festival francés. En muchos momentos queda claro que lo bien o mal que lo pasan se determina según si las películas son buenas o malas. Críticas furiosas, a veces despiadadas, otras (las menos) solo salen aplausos, y así, el que ve muchas películas sabe de que estoy hablando: La esperanza inagotable de ver algo realmente bueno.
            Todo se analiza desde un punto de vista que a mi me agrada más que todo, y es el hecho de que se habla de vanguardia, se premia y se aplaude lo nuevo, lo joven, lo atípico, y por el contrario se basurea lo académico y la sensibleria a punta de escenas sacadas de teleserie. Eso, por lo menos a mi me agrada, ya que hace sentir que no solo a uno le interesa lo extraño y original, sino que a muchos. Si llegan a escribir en un momento algo así como esto: "Mientras más abstracto mejor". Todo aderezado con cuotas de humor de gran talento, magnificamente escrito, perfecto. Siempre, sin embargo, ante la cruel realidad: La mayoría de las películas son malas y tan solo un puñado es realmente digno de ver.
      Ahora, claro está, si alguien quiere leer este libro tiene que tener muchas películas sobre el cuerpo, muchas Palmas de Oro, Premios del Jurado, mucho cine oriental, mucha vanguardia noventera, mucho de cine iraní, poco francés (da lo mismo), de Manoel de Oliveira hasta Tsai Ming Liang, en resumen te tiene que gustar mucho el cine sino vas a perder el tiempo ante un oceano de directores, años y películas. Escrito para aquellos que incluso preferimos no salir por ver una película, que lo preferimos por sobre los amigos, incluso, jajaja, por sobre las mujeres (a veces) y que somos capaces de ver hasta unas 15 películas un fin de semana, parando solo para ir al baño o cocinar, y que nada más importa sino solo la imagen en movimiento en la pantalla.

    No escribo más, y sigo leyendo, y luego mirando algo, quién sabe, quizá me encuentro ante una obra maestra y ahora solo pierdo inutilmente el tiempo escribiendo algo que a pocos le interesa.

domingo, 19 de febrero de 2012

Enter the Void (Gaspar Noé, 2009)


Pareciera buscar las respuestas últimas, las difíciles o imposibles de hallar.
Una cámara que vaga circularmente, buscando, indagando en aquello que empezó pero que no se sabe cuándo. ¿Cuál es el origen de la tragedia? No solo de ellos, sino de la de todos ¿cuándo todo empezó a funcionar mal? ¿Es el destino o solo se trata de suerte?¿o es más bien que todo siempre ha sido disfuncional y solo a ratos la vida es diversa de aquello?
Gaspar Noé, al parecer busca y busca, retrocede, duda, avanza, se descoloca, talvez su intención no es encontrar y solo el buscar es su vocación. No sabe muy bien las respuestas o más bien se trata de que aquellas no existen. En esa exploración artística se encuentra con Haneke, quien tampoco, con más seriedad y menos excesos, encuentra algo.
En “Solo contra Todos”, su búsqueda era casi efectista, una indagación facilista y que trataba de impactar por sobre hacer pensar, tanto así, que el causa-efecto es insípido y obvio. La investigación de lo inaugural lo lleva a contar desde el final en “Irreversible”. La violación es solo pirotecnia y sensacionalismo en una película que tenía por objeto otro distinto: Nuevamente el origen de la tragedia, aunque este sea casi de teleserie.
“Enter the Void” debe ser la máxima expresión del espíritu del director argentino, talvez la película que siempre quiso realizar. Es probable que ha llegado a su madurez artística. Una escalera en descenso que dura excesivos 159 minutos, aunque por momentos suceden cosas más que interesantes como la muerte del protagonista, dándonos a conocer que ese es el comienzo de la desventura, sin embargo, todo empezó antes y eso que antes había empezado también tenía un principio, y sus efectos desencadenan en otros y estos provocan otras desdichas. O el tema de los hermanos, son temas bien tratados, siempre en círculos, en ordenes elípticos y por momentos demenciales, tal como la cámara que gira y gira en “Irreversible”, una cámara que no es más que el reflejo de la idea de origen y fin del artista, una relación mancomunada, tal como un ouroboros.  Planos siempre en picada (desde arriba) como si un maldito demiurgo observara su fatal creación. Observación a distancia de una realidad en la cual no quiere verse comprometido. No quiere entrar al vacío.
Noé es un buen director, pero tiene una ética compleja, no sé muy bien si su indagación es parte de esa ética, o si es la falta de esta la que lo lleva al exceso, o es quizá que su incertidumbre y perplejidad lo llevan a lugares más bien incómodos o incomprensibles (las relaciones sexuales, pene incluido, al final de la película). Pero es esa misma exploración, con la calificación que tenga, la que lo hace ser un director, más por esta película, que merece sino fanatismo mucha atención.

jueves, 16 de febrero de 2012

Formas de Volver a Casa de Alejandro Zambra

Mi Olimpo literario nacional es una trilogía: Diamela Eltit, Roberto Bolaño y Alejandro Zambra. La primera por su lenguaje y narración vanguardista. El segundo por ser uno de los mejores narradores que he leído (peleando a combos con Cormac McCarthy y varios estadounidenses más). El tercero por su prosa completamente emotiva, melancólica y poética, que envuelve todo con una precisión de cirujano. Sus frases por momentos son más bien versos. Precisión de poeta, pero evidentemente que no se trata de una precisión fría apática, sino que es todo lo contrario: emoción. Al parecer Zambra es así en su cotidianidad, o por lo menos así lo parece en sus entrevistas, como la de “Ojo con el Libro” de Via X. 
La precisión poética de Zambra queda de manifiesto de inmediato en su primera novela “Bonsái” (que se llevó al cine hace muy poco e incluso estuvo en Cannes), una historia de amor-desamor entre lectores salvajes, una preciosa exactitud de poquísimas páginas, que le dan a la obra un aspecto de perfecto resumen. Su segunda novela, “La vida privada de los árboles” es también una maravilla, ambigua y de escasas páginas, trata de una familia que se destruye inexplicablemente. Ambas novelas son narradas con una prosa original y algo circular, recomendables absolutamente. “Bahía Inútil” (que aún no he leído) y “Mudanza”, trabajo original en lo formal (repeticiones) y bello en su temática, son dos libros de poemas. 
Su última novela, “Formas de volver a casa”, no se aleja demasiado de las características de sus anteriores trabajos, lo cual demuestra que estamos ante un escritor de gran estilo, actitud y personalidad. Este tercer trabajo se divide en cuatro capítulos acerca de una misma historia que aborda ásperos temas políticos (del pasado? del presente? del futuro?) pero no de la perspectiva de los directamente afectados sino de una diversa (algo similar a “Bosque Quemado” de Brodsky). Es el punto de los niños, de los que poco entendíamos acerca de lo que pasaba durante la Dictadura, y que sin embargo, nos quedamos para siempre con aquellas sensaciones que sentíamos venir de nuestros padres, de los diarios, de la tv, en fin, de la información que llegaba casi como por casualidad a nuestros sentidos. Eso se alojó, se quedó. 
Zambra esta vez creo que juega más al narrador, al contador de historias, no le queda mal el traje, pero los puntos máximos no llegan con la historia, a pesar de ser buenísima, sino con su prosa poética, sus declaraciones de sensaciones, sus ideas versificadas: “Pensé: de qué tienen cara mis padres. Pero nuestros padres nunca tienen cara realmente. Nunca aprendemos a mirarlos bien”, hablando del recuerdo y su verdad rotunda. El amor fracasado: “Nuestro problema fue justamente ese, que no mentíamos. Fracasamos por el deseo de ser honestos siempre”, y es claro su precisión abarca con maestría también el amor, el amor que vive o el del pasado que se recuerda, que habita en nosotros igual que toda nuestra historia, que nos marcó, que nos hace ser como somos. Nuestra historia personal mezclada con la historia colectiva, nuestro mito que reaparece a cada instante y que espera: “....con paciencia el momento de salir al escenario, aunque el público hace rato que se fue”. 
Una novela precisa como todo Zambra. 

viernes, 20 de enero de 2012

¡Sé fuerte, oh hombre!

"Soy la Serpiente que da Conocimiento y Deleite y gloria brillante y conmueve los corazones de los hombres con ebriedad. ¡Para adorarme tomen vino y drogas extrañas
desde donde hablaré a mi profeta, y me emborracharé con ellos! No les dañará en modo alguno. Es una mentira, está tontería contra el ser. La exposición de la inocencia es una mentira. ¡Sé fuerte, oh hombre! disfruta, goza todas las cosas de los sentidos y del arrebato; no temas que ningún Dios te niegue a ti por esto."



viernes, 16 de diciembre de 2011

Los Viajes del Viento (Ciro Guerra, 2009)



Es una interesante película, claramente tiene una estética minimalista, muy a lo Luz Silenciosa (2007) de Reygadas, de Gerry (2002) de Gus Van Sant, de El Cielo, la Tierra y la Lluvia (2008) del chileno Torres Leiva, o de mucho del cine argentino (del nuevo) todas estas tienen algo en común: la imagen por sobre el dialogo, y es por ello que se valora, además es poseedora de una fotografía tremenda como elemento independiente, que es esencial en este tipo de filmes. Ahora como pasa con Gerry y la del chileno, sufre problemas de guión, creo que la trama es deficiente, por lo cual hace que el espectador pierda interés y muchas veces se pierda en el motivo de la película, casi como que no existiera el drama, porque existe pero este es pobre: El devolver un acordeón a un hombre del cual no sabemos nada y tampoco se nos revela elemento alguno (salvo al final en el cual vemos su cadáver) es símbolo de una épica falsa o desguarnecida. Claro está que presumimos algo, pero aquella presunción es desilusión a la vez. Creo que su director pecó de exagerado al tratar de ocultar, de dar ambigüedad o llevar al paroxismo lo mínimo y cayó mal parado en uno de los lados del riesgo, más si se toma en cuenta que los actores son amateurs y  por momentos su destreza queda en duda.   
Por otra parte, toma descuidadamente asuntos documentales y reales (fuerza del pueblo colombiano y sus tradiciones, similar a Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, de hecho al principio pensé que era algo de ese estilo) y por otros, toca temas casi experimentales, fantásticos (aquella mezcla siempre me ha agradado pero esta vez creo que se exagera en ocasiones malamente) o más bien netamente ficticios: Los tres tipos que presencian o arbitran las peleas de gallos, el duelo a muerte o las personas que trabajan en el desierto (Otra vez el Nobel colombiano, pero esta vez el de 100 años de Soledad). Esta última escena me sugiere más dudas, junto a otras, ya que por momentos me parece que tienen por objeto mostrar una localidad, un plano magníficamente realizado, más que darle peso dramático e incluso narrativo al guión.
Con todo se valora que exista un cine de tal estilo por Latinoamérica, que bien escasos estamos de genios.