domingo, 15 de abril de 2012

Tulallvay, Dayanandrea y La Kut en Bar Santa Filomena, 12 de Abril 2012


El verano ya se acabó. Los niños van creciendo. El jueves fue el primer día en que las nubes grises reinaron y la lluvia algo amenazó. Los niños ya dejan de jugar. La Tierra se aleja del Sol. La noche se acercaba. Los niños dejan de ser niños. El todo como un gran sistema que decrece, o que va creciendo, como se quiera. Una escala inmensa en la que Tulallvay era el primer peldaño, los niños en la música, en un juego lúdico y valiente, adoleciendo de esa rica inmadurez que lleva a llamar la atención, a querer hacerlo todo, a desear convertirse en un aleph visible. Que valentía tienen esos niños grandes, la rebeldía, desparpajo y desenfado para tocar una especie de jazz sinfónico, al estilo un tanto más básico que  algunas bandas del R.I.O. como Univers Zero, pero no tan oscuro, es quizás lo módico del escenario lo que no les permitió al fagot y la tromba o tuba (no lo recuerdo) sonar adecuadamente, o la potencia del gran saxofón alto de la banda y del dúo de clarinetes que se comieron incluso a una batería poco inquieta, al igual que una guitarra algo deslucida un tanto más por placer que por querer sonar técnico y correcto en ejecución, supongo. En su afán de abarcar amplios registros caían en un desorden sónico que confundía, además sonaban todos a la vez en gran parte del tiempo, incluso dejando de lado el contrapunto. Se dieron incluso el lujo de hacer covers de melodías alejadas de la intelectualidad, riéndose de los que estábamos ahí esperando solo lo contrario, es quizás al final con la agregación de un magnífico violín y otro saxofón que nos dieron en el gusto, sonando por primera vez como una verdadera orquesta. Los niños  se tomaban su espacio y desordenaban con su espíritu un Bar Santa Filomena algo opaco a esa hora, y tal como su nombre, todo se trato de un juego.

  
¿Qué hace Dayanandrea y la Kut tocando en un Bar tan pequeño, ante tan poca gente y sonando nada en los medios? Que ganas de que todo el mundo pudiera gozar con esta música. ¿Qué mierda hacen estas bandas tocando en Chile? La música en alguna parte se perdió, siguió siendo música e incluso puede llegar a ser buena, pero lo cierto es que lo que se considera bueno hoy dentro de esas esferas es tan solo mediocre y simple. ¿Cómo mierda hacer para que estas bandas puedan seguir su camino independiente y a la vez subsistir?

Dayanandrea es una banda notable, eso se sabe por sus discos. Antes quizás, cuando eran aún más jóvenes, tenían un sonido algo más dadaísta, pero actualmente, por lo que pude percibir ayer, están en un contexto un poco más serio y menos lúdico, metal quizás, incluso una grácil y encantadora violencia está adornando sus composiciones. Los jóvenes de ayer ya no son los mismos. Ese baterista que tienen ya se lo querría cualquier banda, una técnica preciosa y precisa, repartiendo baquetazos con la habilidad de solo quien conoce su instrumento a la perfección, todo lo realiza con un ritmo despiadado y con un estilo para tocar que va muy en línea de lo que quiere demostrar la banda, más allá de máscaras y disfraces, sino una actitud extraña y bizarra que transmuta en una actuación y expresión corporal. Un sonido cortante por momentos y por otros, los más, armónicos y progresivos. Un bajo impecable y dotado de gran talento e imaginación, gran juego de Slap y Pluck  (violento por momentos y otros algo más funk) al igual que Hammers muy talentosos, un instrumento que da poder y velocidad a los vientos y bronces del virtuoso clarinetista Palermo (así le puso un amigo) que se desenvolvía por intrincadas escalas, growlings y furlattos, y a ese par maravilloso de mujeres, en saxo alto una y saxo tenor y clarinete la otra, que como ellas quedan pocas: Valentía, ímpetu femenino, absurda sensualidad. En lo estético influenciado por The Residents y algunas cosas de los principios de Mr. Bungle y otros, pero musicalmente tienen una línea diversa quizás más apegado al Jazz-Rock de ¿Nazca, Henry Cow, Univers Zero? o ¿Moonchild, Combat Astronomy?¿Stravinsky, Bartok, y un cuanto hay en lo docto? no sé, pero es que cuesta encontrar algo idéntico tanto en el sonido tomado como composición como por instrumentos, ya que no cuenta con guitarra, sino directamente se relacionarían con Akineton Retard o Panzerballet, y es quizás los vientos y bronces lo que hace pensar directamente en aquello, un Dün menos instrumentalizado o Magma puede ser por la oscuridad y sutil violencia o derechamente Zu, sobre todo del disco en que participa Mike Patton. Bueno, da lo mismo, la hacen de oro. Una banda que se entiende a la perfección y que  hace que hasta las cosas aparentemente simples (tasitas metálicas) suenen realmente complejas en lo espiritual dentro de una atmósfera de misticismo oscuro.


La experimentación que hace el quinteto La Kut es admirable y envidiable. Los jóvenes se han convertido en adultos y tratan de alejarse de lo aprendido y experimentan con ello. Si Dayanandrea era perfección y corrección sónica, La Kut era pura experimentación y por momentos ruidismo. Un free jazz apegado al R.I.O. o al rock psicodélico/progresivo, por tratar de clasificar. Una libertad armónica que pasaba por momentos en que la guitarra sonaba a notas improvisadas al estilo de Derek Bailey o Fred Frith y por otras apegado a lo hecho por Robert Fripp, un bajo frenético similar a Bill Laswell con una energía tremenda y un juego de dedos a velocidad descomunal. El saxo alto es espectacular, más allá de la utilización de efectos como el uso de la difícil Respiración Circular, entregaba una propuesta densa e impura (en un sentido similar al de Bazin en el cine, o sea, sabiendo la técnica para lograr la evolución hay que destruirla).Incluso se dieron el lujo de realizar una adaptación de una pieza de  Mulatu Astatke, Yèkèrmo Sèw, que aparece en Floras Rotas de Jarmusch, eso demuestra lo ecléctica de la banda, llegando al lado étnico del jazz, y por otras el saxofón sonaba a free-jazz pero no tan cercano al de Coleman, sino más bien al de Peter Brotzmann o de Sun Ra (cuan grande puede llegar a ser Sun Ra !!!!!) La trompeta hacia su aporte también, pero no pude escucharla del todo ya que ya era bastante tarde, y es acá que aprovecho de hacer una simple crítica: el flyer decía que empezaba a las 22:30, pero con suerte empezó pasado las cero horas, por ende, la Kut empezó a tocar como las 3 de la mañana, ya a esa hora la capacidad cognitiva está completamente disminuida, ya sea por la falta de sueño, las obvias cervezas o por la jornada laboral, por ende, escuché tan solo un trozo de la presentación de la Kut. Con cariño pido que ojalá respeten los horarios de los shows porque la verdad es que la incertidumbre es mala amiga del público.
La Kut es una gran banda, de grandes músicos de una madurez tremenda, por los momentos en que pude escucharlos me recordaron al Just Us de Elton Dean o al The End of an Ear de Robert Wyatt, esos exquisitos discos en los cuales cada instrumento realiza su pega en el momento preciso, esperando durante largos instantes su oportunidad para encantar.
Los niños se transformaron en jóvenes y estos en adultos. Los juguetes se han transformado en conceptos. Los afanes se han convertido en realidades. Los que eran un día han florecido. La noche ya había caído. 

domingo, 1 de abril de 2012

Noctourniquet o los nuevos The Mars Volta




La forma de afrontar la composición en The Mars Volta definitivamente cambió. Octahedron fue el primer el primer paso (traspié para algunos). Noctourniquet puede que sea nominado el mejor album del año 2012, porque es seguro que es el mejor hasta el momento en lo que va de este. Noctourniquet es un buen disco, mucho mejor  que el anterior y mucho mejor que cualquier mejor disco de ¾ partes de las bandas del planeta. Pero está lejos de ser el The Mars Volta que deslumbró con sus primeros 4 discos. Lejos ya de la métrica lisérgica e inmedible, lejos del avant-garde, lejos del progresivo/psicodélico y cerca, como nunca, del maldito formato canción. Talvez en un par de años nos enfrentemos a un inicio-coro-desarrollo-coro-final. 
Repito es un buen disco pero otra cosa es que sea una genialidad, este nuevamente no lo es. Claro está que el álbum en general es original y no suena a nada parecido, pero es otro The Mars Volta, y claro es también que toda banda tiene el derecho a evolucionar hacia el lado que desee, pero la situación es que The Mars Volta, con toda su genialidad, no evolucionaron hacia el lado adecuado dado el nivel de sus integrantes. ¿Qué pasó?. La apuesta que yo hacía por la banda era que o hacían un disco similar a los anteriores o evolucionaban hacia algo más genial aún, poco menos que iban a reinventar la música (a lo Schoenberg) y que iban a llevar el género progresivo psicodélico a niveles nunca escuchados. Pero no, no fue ni lo uno ni lo otro, derivaron a composiciones tan solo correctas. ¿Fue por simple deseo realizar un disco como este o fue incapacidad de evolucionar hacia el lado adecuado?¿Ya no podrán, por algún motivo, realizar otra genialidad? Vamos viendo:

            The Whip Hand, un mediocre tema con mucho sintetizador muy a lo NIN, de esos que provenían de la mezcla del punk y pop de los ochentas, una melodía ausente o presente pero pobre. Mal comienzo. Pésimo.
            El comienzo de Aegis es prometedor. Su continuación es mejor aún, pero principalmente debido al gran trabajo vocal de Cedric Bixler-Zavala. “I´m not running away” y sus respectivas repeticiones son un gran aporte y la frase se torna realmente adictiva. Un verso que tiene la virtud de alojarse casi en el inconsciente, acompañada de  una batería contundente que suena como complemento perfecto. Un muy buen tema pero que adolece de lo mencionado anteriormente: el formato canción.
            La tercera composición es Dyslexicon. Lejos el mejor tema del disco. Locura profunda. Ese sintetizador que suena en un principio es en gran parte el culpable. También lo es la guitarra repetitiva y aguda que aparece por momentos. Batería en todo momento acelerada que crepita el tema. Una métrica algo más arriesgada. Nuevamente y como casi siempre gran trabajo en la melodía vocal. Varios cambios de ritmos. Un tema que perfectamente pudo haber estado en el Bedlam in Goliath. Gran pero gran tema.
Luego viene la melancolía inicial de Empty Vessels Make The Loudest Sound que por momentos se torna bella y liberadora. Las creaciones de Omar Rodriguez-Lopez desde hace un tiempo vienen siendo bastante tristes. Su álbum solista “Ciencia de los Inútiles” es un más que claro ejemplo. “I am a mountain of cavernous people searching for a lighthouse in the fog” es un precioso verso que en la voz de Cedric sabe mejor aún. Una virginal balada que en algo recuerda a la simple pero magnífica Televators, pero sin ese abismo vocal ni ese no se qué lisérgico de ese gran tema.


A continuación un tema que de verdad no entiendo. The Malkin Jewel es un tema que desearia con pasión Jack White ya sea en The White Stripes o em The Dead Weather. Tiene también algo de Led Zeppelín por momentos incluso la voz es similar. Algo de post-punk. Una mezcla rara pero no por eso buena. No se entiende.
Lapochka es una balada que perfectamente puede ser calificada de drum&bass sin aceleración, pero con mucho trabajo electrónico. Una melodía vocal pobre, salvo por un “aullido” con mucho efecto que distorsiona la voz. Este mediocre tema da origen  a una seguidilla de composiciones algo regulares y que por una extraña razón me hacen perder la atención del disco. In absentia viene siendo una especie de continuación de la anterior en lo electrónico. La electrónica venía siendo tomada muy en cuenta por Rodríguez-López en sus discos solistas, como olvidar el Minor Cuts and Scrapes in the Bushes Ahead, y este tema es una demostración de sus gustos pero ahora en The Mars Volta. Es quizás el tema más experimental en lo electrónico del álbum muy al estilo Panda Bear en el Tomboy o al Sung Songs de Animal Collective pero completamente barroco, recargado hasta decir basta. Pura tenebrosa psicodelia. Ahora, se trata de un tema de casi 8 minutos, cuya segunda parte se trastorna en una canción del pop oscuro similar al que hacía The Cure, Joy División, Siouxsie, Cocteau Twins, etc.,  que esta dotada de un gran trabajo vocal de Cedric. Ahora no es un tema que extrañe ya que es sabido la pasión de la banda por aquella música.
Imago viene a ser la confirmación de todo este Noctourniquet: mucha melancolía y mucha electrónica. Otra balada con toques de guitarra acústica y guitarras de sonidos acuáticos. Es un bonito tema, pero gracias al gran Cedric nuevamente porque en lo instrumental tomando en cuenta el curriculum de The Mars Volta es más que pobre.
Luego, y por fin, un tema progresivo psicodélico al estilo del grupo. Molochwalker es un gran tema. Harta guitarra, hasta un solo se escucha de pronto (algo que poco se ve acá), un bajo que por fin es digno de mencionar, Cedric maestro como siempre. Claro no es el mismo The Mars Volta, ya sin Adrian Terrazas-Gonzales es muy diferente. ¿Cómo no poner un solo viento o un bronce, aunque sea solo en este tema en el cual caía de cajón? No puedes poner la electrónica por sobre los vientos o los bronces, o puedes hacerlo pero nunca dejándolo completamente de lado. Ese es un elemento esencial que The Mars Volta perdió hace rato. Molochwalker es de los de temas que representan el espíritu anti Horror Vacui que sufre la banda, esa enfermedad que les permite o permitía llevar la música al sonido completo.
Una simple guitarra acústica da comienzo a Trinkets Pale of Moon, luego unas voces rituales y lisérgicas dan ritmo a otro tema lento y sombrío. Luego nuevamente las bases electrónicas se apoderan de la percusión y el tema vaga en esa nave lúgubre por toda su duración. Un tema parejo, incluso en la melodía vocal. Similar es Vedamalady. Por alguna razón estos dos temas no se disfrutan en su lentitud tanto como otros de la misma naturaleza que posee la banda, recordando la liberación del tema algo a las melodías de Chino Moreno y compañía. Noctourniquet es otro tanto de lo mismo anterior. Con estos tres temas la atención en el disco ya está en otra parte. Está en lo que hay que hacer mañana, en lo que se va a comer a la once, en que ya está oscureciendo. Temas que de verdad dejan sabor a poco o a nada y son el motivo principal de que este disco pase rápidamente al guardadisco y salga de ahí tarde mal o nunca.


Zed And Two Naughts  viene a dar algo de esperanza a lo que vendrá (aunque la esperanza no existe) y también le da un resto de dignidad al disco, aunque sea ya el final. Una canción dotada del temido formato canción pero a lo menos algo salvaje. Buen tema.

  A pesar de ser un buen disco no hay mucho riesgo en Noctourniquet, lo hay más que en Octahedron, pero acaso algo más. Es un disco más bien accesible donde ya no hay métricas imposibles. Ya no hay solos o secciones de instrumentos de esas maravillosas que acostumbraban poner en diversas partes, por ejemplo: el bajo violento que suena en Cignus o esa guitarra conmovedora en Eriatarka. No existe ese proceso de los 4 primeros discos donde se descubrían matices, donde se escuchaba algún elemento instrumental extraordinario. No hay indicios de músicas antiguas como por ejemplo en L'Via L'Viaquez o Soothsayer. El uso de la electrónica no es tema, o sea, no es malo que se ocupe, pero no en desmedro de otras oportunidades musicales. Ya no hay el vértigo de Cavalettas o de Day of Baphomets. Ya no se produce esa sensación de que ojalá el tema no termine. Las medidas se han invertido en Noctourniquet: Antes era un 10% de suavidad y el resto mucha progresión imposible, mucha violencia virtuosa. Ahora es al contrario. Todo aquello que hacía a The Mars Volta una máquina única ya se fue y quizás ya no volverá.

¿Qué pasó The Mars Volta antes eras chévere? Noooo, perdón....... antes eras Dios.

viernes, 30 de marzo de 2012

Opeth en Chile, 28 de Marzo 2012, Teatro Caupolicán, Santiago.





Ya comiendo una chinese food que rondaba desde ayer en el refri, procedo a repasar algunas cosas de anoche.  Escribo para recordar, para revivir la sensación y extenderla un poco más y quien sabe, si llego a ser certero, leerla en un par de años y recordar con facilidad aquel día.

Llegué tarde, o sea aún no empezaba pero me perdí a Mar de Grises, mala cosa, pocas veces se llega a saber donde tocan y cuando se llega a saber ya fue parte del pasado. La apurada valió, incluida mala educación y posterior reto, pero había que llegar. Atrasado subí las escaleras: todo cerrado. Cancha se sabía, segundo nivel me sorprendió. Tercer nivel: al lado de las palomas y con el techo como un mar encima. No acostumbrado a la distancia me desanimé y es sino luego de Face of Melinda cuando recién pude empezar a disfrutar. Algo bajo escuchaba, incluso podía escuchar las conversaciones de los que estaban cercanos. Más desanimado. The Devil´s Orchard y I Feel the Dark apenas las disfruté. Gracias al cielo el animal de costumbre reacciona ante estímulos según como vengan, sin embargo, pagué caro el precio de la tardanza, estos dos primeros temas sonaron impecables, pero no llegué a disfrutarlos del todo. El grandioso “God is Dead” de The Devil´s Orchard y el posterior riff endemoniado que suena como nunca a King Crimson me tiró un balde de agua fría que me hizo reaccionar. El solo de guitarra algo corto del final fue estremecedor. En Heritage mucha suena al rock progresivo de los 60 y 70, pero al más oscuro, algo de sus vecinos de Trettioriga Kriget, otro tanto de Caravan en los episodios más acústicos. Es bien sabido el gusto de Mikael Akerfeldt por el rock de aquellos tiempos, y en este tema la mezcla entre lo antiguo y moderno, teclados psicodélicos que van más allá de una simple atmósfera, más una melodía vocal increíble, más una voz impecable dotada de una fuerza e interpretación por sobre lo muy bueno, dan como resultado un temazo. Repito: una voz perfecta, si hasta los posteriores guturales suenan afinados. Eso se sabe, pero verlo en vivo es corroborar una impresión que se transforma en verdad.

I Feel The Dark, ya me encontró algo tibio, pero su suave oscuridad inicial no era lo que necesitaba, quizás en otro momento, sin embargo la profundidad del teclado de Joakim Svalberg  pude escucharla más que nunca y más aún cuando “empieza nuevamente” el tema seguido de un impactante “Veiled comes the daylight through the glass” gritado con la sutileza propia de un gran intérprete. La tibieza se transformó en agrado con el bajo que va y vuelve junto a “the mother of lies”. El concierto para mí había empezado.


Face of Melinda sonó tan hermoso y triste como siempre, debe ser el tema que se ejecuta con más pasión por parte de la banda. Puede ser una impresión errónea, pero es como si ha toda la banda le gustara realmente aquella composición. Su mágico, tierno y profundamente melancólico inicio despertó algo en cada uno de los que estábamos ahí, removió recuerdos. Face of Melinda debe ser el tema, por decirlo de algún modo, más romántico de Opeth y talvez del metal. Solo Opeth podía hacer algo así, nunca aceptando clasificaciones simples sino expandiéndose a sectores poco ortodoxos dentro de la rama en la cual se los pone. Es un tema que viene del Still Life de 1999, o sea, la experimentación no es algo nuevo. Su potente final fue perfecto, estirando con todo el verso final: “My promise is made but my heart is thine”.

  Luego vino Slither, un tema veloz y algo hardrock o más bien del neoprogresivo más tirado al heavy metal, onda Queensryche o Asia, que debe ser una de las composiciones que menos me agradan de la historia de Opeth, si había que tocar algo más del Heritage, para mi hubiese sido ideal Famine y podrían haber aprovechado para sacar un flautista chileno, ahí si que todo hubiese sido realmente especial (a lo Sting en Viña con Andrés Perez de Contracuarteto). Creo que esa velocidad suena algo falsa y simple. Esa pequeña sensación de malestar pasó rápidamente (menos mal que el tema es corto) con el inicio de Windowpane, tema con el cual se abre uno de mis discos favoritos de Opeth, Damnation, y con el cual se dio por iniciada la temporada de perfectos solos más largos de guitarra ejecutados con maestría y pasión por parte de Fredik Akesson. Un tema suave tal como todo ese álbum, pero que a mitad de él se produce un cambio a notas sumamente oscuras. Ese cambio sonó perfecto, no es fácil hacerlo según me han contado. Un teclado tenebroso, un bajo envolvente, y luego nuevamente la melancolía y un solo de guitarra que desgarra. Teclados y más teclados aletargados y sombríos.

To rid the Disease, sonó increible. Es quizás otro tema que agrada tocar a la banda. “There's innocence torn from its maker /  stillborn, the trust in you” cantado con una afinación envidiable y el posterior “i have lost all trust i had in you” cantado por el público fue uno de los momentos altos de la noche. Luego el precioso solo de guitarra y el lento bajo de Martin Mendez, el fuerte piano, un ritmo simple pero poderoso de Martin Axenrot, para pasar a la liberación del tema y nuevamente los versos y armonías vocales. Un tema deseado por mi parte y disfrutado a rabiar.

Burden fue la sorpresa mayor, no imagine que lo tocarían. Es algo alejado de lo que está haciendo Opeth actualmente. Otra composición muy romántica y por sobre todo épica, que tiene algo de heavy metal y quizás algo de pop romántico, aunque suena extraño decirlo. Con un teclado desquiciado por algunos pasajes fue uno de los temas más cantados por el público. “A broken line but underlined” genial. Luego vino otro del Heritage, The lines in my Hand, bajo perfecto del uruguayo. Ahora este tema adolece de un problema para mi gusto: la repetición de la frase “We are dying in the wake of gods and decrees reamin arcane / And everything around as is a consequence of pain” adornada entre medio de diferentes formas y por los distintos instrumentos. La segunda parte del tema es de una gran velocidad que sonó tremenda. Sin embargo, es otro tema que no me gusta mucho, salvo su final.

En este momento dos cosas saqué en limpio: El setlist que venían tocando estaba siendo felizmente modificado, eso por el lado bueno, por el lado malo: el tiempo que se tomaban entre cada tema era demasiado extenso. Comprendo la dificultad en la ejecución de cada tema y el cambio de afinación en las guitarras pero la verdad es que quitaba continuidad al show. Ahora, muchos deben agradecer aquella espera ya que permitieron al público escuchar los soliloquios de Mikael, a mi por lo menos me agrada más la continuidad y escucharlo no me molesta, pero fue mucho.

A esa altura, la modificación del setlist según el que se creía me hacía creer que ya no tocarían uno de los mejores temas del Heritage: Folklore. Me equivoqué y vino a continuación. Es otra obra que se nota disfrutan al tocar. “And you will see what you mean to me” se canto con el corazón. Esa guitarras en escala descendente y repetitiva es espectacular, tanto o más que la vocalidad de la letra. El cambio de ritmo fue otro momento inmenso que se vio interrumpido por un hecho extraño pero gracioso: se le soltó la guitarra a Mikael (no fue tan grave como cuando a Layne Stanley le cambió la letra a Sludge Factory en el Unplugged, pero igual interrumpió). Pasado lo indicado, volvió a sonar esa atmósfera oscura de teclados, seguida de un bajo vigoroso y el posterior solo de guitarra. Se notó que era un tema esperado por todos.

  Luego vino la enérgica The Grand of Conjuration, dando paso al lado más metal del concierto, algo que se necesitaba por muchos. El riff pesado taladró despiadado y las cabezas quizás por primera vez se empezaron a agitar con violencia. Los guturales de Mikael son impresionantes, tienen una profundidad pocas veces escuchadas. Lo más interesante de estos gritos es que son hechos, además de  ser ejecutados con gran técnica, con una afinación precisa. El solo de guitarra fue muy pulcro. Un “Whispered conjuration A belief takes form” más que lúgubre. La pasada a la velocidad extrema fue brutal y con ella una cantidad de guturales descomunales. La suavidad del susurro de “ Say my name / Ease the pain / Clear the smoke / In my head”, interrumpido por un poderoso final, aderezado de una bateria descomunal.

The Drapery Falls fue un descanso a la exquisita violencia anterior, y con su inicio ya removió sentimientos de dulzura en cada uno. Esa guitarra aletargada es una genialidad. “Please remedy my confusion” fue un ruego cantado por todos los que habitamos por ese instante ese lugar. Y el “Pull me down again / And guide me into pain” lo fue aún más. Un tema dominado por las armonías vocales y que yo esperaba con ansias, guturales incluidos, y más aún esa parte desquiciada que tiene, completamente a contratempo. Luego el metal extremo con guturales y batería colosal, pasando de la suavidad de “Waking up to your / sound again / And lapse into the ways of misery” a las mismas notas que dan origen al tema. Un temazo redondo como un sol que finalizó con un coro del público conmovedor casi hasta las lágrimas.


Terminando el tema anterior, salieron del escenario para volver y finalizar con Deliverance, su atronador comienzo sonó más cruel que nunca, el doble pedal estalló en nuestros oídos, y el gutural dio paso a la suavidad de las guitarras y el hermoso verso “Walk with me,  / you'll never leave/ Wait to set your spirit free”. Tremendo. La voz que se aleja decantó el momento progresivo con “Your memory is nothing but the scars on me”, al igual que “Your salvation's found in a sinner's deed”. La delicadeza de “Deliverance Laughing at me” se ve interrumpida y desencadenada por el metal extremo y tal como dice el tema, la insanidad misma.  El final de Deliverance es ensordecedor donde se escuche pero en vivo es contagiosamente violento. Un riff que incita hasta al más tímido.

Fue un concierto tremendo, violento por momentos y suave y dulces por otros, tal como es Opeth, tal como es la vida misma. Un setlist que dejó poco o nada afuera, totalmente representativo de la banda sueca. Un gran momento. Inolvidable por cierto y toda la cantidad de adjetivos que se le pueden dar a un grupo que está y ha estado desde hace mucho en la cima. Larga vida a Opeth y que sus composiciones perduren más allá de la historia misma.

lunes, 26 de marzo de 2012

Lo que se viene: Opeth.


Hay cuatro bandas que hoy por hoy llevan adelante una parte de la música, el llamado rock/metal progresivo, las 4 tienen el valor de experimentar a niveles que ni siquiera a sus seguidores les puede gustar en demasía, pero eso mismo es lo que las hace ser más grandes que otras: Una de ellas es Porcupine Tree (aunque el último disco dejó bastante que desear), otra es The Mars Volta (idem a la anterior, siendo este más bien malo, aunque con la calidad de los anteriores más los trabajos de Omar Rodriguez-Lopez se les perdona hasta 10 discos seguidos malos), otra es Mastodon (la cual está en mejor pie que las anteriores, un paso arriba quizás, en el climax de su carrera debido principalmente a sus dos últimos discos: la maestría Crack in the Skye y The Hunter). Finalmente, la última de las bandas es la que se presenta mañana en el Caupolicán, es decir, OPETH.

Por mi parte desearía que se cargaran a los temas más melódicos, incluso los más melancólicos y oscuros, aquellos de composiciones más complejas, y no tanto hacia aquel lado bastante más violento y metal, o que tocaran aquellos en que se experimenta más. Por eso, ojalá tocaran entero su último disco, Heritage, ya que en este se cumple con todos los requisitos que exijo. No sería malo que se pasaran por temas como Patterns in the Ivy II, o por In My Time of Need, Harvest o Hope Leaves, grandes temas que representan como nadie el progresivo más oscuro, quizás peliando en la cima solo con Anekdoten.

Ahora, el setlist de mañana es más que claro, echando una mirada por la web queda claro que él está completamente acordado de antemano: están tocando casi los mismos temas.

El setlist para esta gran banda pareciera que será el siguiente:

The Devil's Orchard (“Heritage”, 2011)
I Feel the Dark (“Heritage”, 2011)
Face of Melinda (“Still Life”, 1999)
Slither (“Heritage”, 2011)
Credence (“My Arms, Your Hearse”, 1998)
To Rid the Disease (“Damnation”, 2003)
The Lines In My Hands (“Heritage”, 2011)
Folklore (“Heritage”, 2011)
Heir Apparent (“Watershed”, 2008)
The Grand Conjuration (“Ghost Reveries”, 2005)
The Drapery Falls (“Blackwater Park”, 2001)
Deliverance (“Deliverance”, 2002)

 No es malo y completamente representativo de la banda. Ahí estaremos.

jueves, 15 de marzo de 2012

Masada (John Zorn) en Chile, 14 de Marzo 2012, Teatro Caupolicán, Santiago.




       Fila 10, Asiento 10. Buenos números me acompañaban. Nada de estar parados, a Zorn se lo contempla, así que todos sentados, tal como cuando se lee un libro, se ve una película  o se piensa un poema. Minutos antes de empezar el ambiente es de exquisita ansiedad, pocos conversan, muchos se miran, expectantes, rostros algo incrédulos ante la irrealidad que se convertía en realidad: John Zorn, el más connotado compositor docto jazzístico avant-garde (y todos sus experimentos y nomenclaturas, pasando incluso por el death metal) en Chile. Y el que no lo ha escuchado de eso se pierde ni más ni menos. Más de 200 discos lo avalan. Nueve en punto sale Zorn y compañía, o más bien Masada en pleno, aunque componga y se trate de un proyecto creado totalmente por Zorn. El equipo formaba así: Dave Douglas en trompeta, Greg Cohen en contrabajo, Joey Baron en batería y el capitán John Zorn en saxofón alto. Tremendo ensamble.
        Masada es una banda compleja de jazz, en la cual se mezcla el klezmer (música judía), el free jazz, la vanguardia y la improvisación, siendo estos solo los ingredientes principales ya que tienen tantas influencias como música existe. Jazz étnico. Una influencia clara en Masada, así como casi todo el trabajo de Zorn, es la obra del majestuosísimo y adoradísimo Ornette Coleman, o sea, avant-garde jazz y free jazz puro y duro, violento, veloz, radical y rebelde. Claro es que esa es una parte de Masada ya que por otros pasajes la influencia de las raíces jewish se sienten con notoria fuerza.
         Me es difícil indicar que composiciones se llevaron a cabo. Un setlist es siempre complejo de señalar tratándose de Masada, tanto por la improvisión como por su extensa discografía que comprende diez discos de estudio (todos de títulos de letras del abecedario hebreo: Alef, Dalet, Tet, etc.), más los discos del Book 2, sumado a un sin fin de discos en vivo, en los cuales la improvisación pasa a veces a ser composición, otras tantas toman temas de otros ensambles de Zorn como Bar Kokhba, Masada String Trio o de Electric Masada (y viceversa), y solo después de buscar lo he encontrado:
01- Tharsis (no editada)
02- Sippur (The Circle Maker: Issachar, Masada String Trio)
03- Mibi (Azazel: Book Of Angels Vol. 2, Masada String Trio)
04- Rahtiel (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
05- Beeroth (Masada Vol. 05: Hei)06-Kochot (Masada Vol. 09: Tet)
07- Tagriel (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
08- Haamiah (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)
09- Hath-Arob (Masada Vol. 07: Zayin)
10- Psisya (Stolas: Book of Angels Volume 12, Masada Quintet featuring Joe Lovano)



          Esta vez todo se trata de una cosa. Acá no hay egos ni personajes. En el Caupolicán solo existió una cosa: MÚSICA, con letras más que mayúsculas, como si fueran pintadas sobre la cordillera. Solo de eso se trata ahora y más que nunca. No hay pirotecnia, no hay caretas, no hay grandes juegos de luces, tal como con una orquesta sinfónica, esta vez se trata solo del sonido y la interpretación. Tocan y gozan, tratan de superar la limitación que asigna el momento y el ritmo que lleva el otro, incluso se desafían en un juego que se impone por admiración y destreza, por superar, no por triunfar sino por hacer crecer al otro.
         Nada de lo que se pueda escribir o decir hará verdadera justicia. Todo es poco, incluso obtuso.
         Mil técnicas, mil sonidos incluso los imposibles, los secretos, los que no se escuchan en nadie más. Años de trabajo y experimentación con el saxofón han llevado a Zorn a ser un mago, que saca y saca trucos de su sombrero de bronce. Escalas larguísimas, tonos agudisisisisisimos, violentos por momentos y suaves por otros, acordes que recuerdan a su trabajo en Naked City y al segundo siguiente rememoran composiciones dignas del Ballads de Coltrane. Técnicas ortodoxas y por otras completamente anti-académicas, como cuando tapa con la pierna la campana del saxofón, o como cuando juega con la boquilla o más bien la caña, casi como succionándola, provocando un ruido extraño pero de una vitalidad enorme. Escalas que no solo avanzan, pasando por cuanta llave o platillo se apriete, sino que crecen en volumen, llegando a tonos graves de gran profundidad que llegan remecer a quien lo escucha. No solo un demonio habita en su boca, dedos y alma, sino que existe otra cosa, algo extraño y oculto, hermoso a la vez, que transmuta en vida al tomar su instrumento y que desaparece inmediatamente una vez utilizado, algo proveniente sin duda de tierras a los que pocos acceden.
          Greg Cohen es quien talvez pone la parte melancólica al conjunto. Su contrabajo suena antiguo, suena a recuerdos, a vidas pasadas reunidos en él. Es como si tantos que como él se hicieron del instrumento (o el instrumento se hizo de ellos) trataran se posarse sobre sus cuerdas. Un halo de tranquilidad lo rodea, algo de tristeza también. Algo que quizás proviene del malogrado en su momento pueblo judío, puede que me equivoque pero sus notas saben a dulce congoja, y aquellas tiñen por instantes de desconsuelo el sonido de Masada. Parte esencial del grupo.
         En la trompeta se encontraba Dave Douglas, quien parece ser el más recatado, no en cuanto a su capacidad interpretativa ni menos a su habilidad con el instrumento que no están bajo ningún respecto en duda, sino que me refiero a su especial personalidad que es más bien de músico y de artista trabajado, no denota una locura desmedida como ocurre con los otros integrantes, y si la tuviera es de aquellas demencias que se manifiestan a través de estados de tranquilidad, algo más de contemplación, que a veces rompe con tonos y técnicas imposibles, sumado a un juego de dedos rapidísimos. En los momentos suaves recuerda perfectamente al Miles Davis de Blue in Green (tema del Kind of Blue) y en los momentos más veloces se le nota comodísimo, al igual que en la improvisación. Gran y tranquilo músico.

       Joey Baron era a quien yo más esperaba, su locura y disposición a la destrucción / construcción es más que llamativa. Claro, a Zorn lo esperaba pero por Baron había otra cosa: Sorpresa, eso quería, que me sorprendiera tal como tantas veces lo ha hecho, ya sea con Fred Frith en el Allies, con Zorn en incontables veces (Spy Vs Spy, para que hablar más), en Naked City, en cuanto conjunto me lo he topado, etc. Es talvez sus gestos al tocar, pasando de la risa algo inocente a la concentración total, a sus técnicas, a su improvisación y su espectacular ritmo. Un niño jugando con tierra y agua. O quizás es cariño derechamente por ser el baterista de una de mis bandas favoritas: The Moonchild Trio. Un genio más que dotado técnicamente, y con aquella hace y deshace. Un espectáculo ver como disfruta tocando.
      Fila 10, Asiento 11, me corrieron un asiento, igualmente mis números son buenos. Zorn ha dejado que toquen, que se explayen en su destreza, otras veces se ciñen a la composición, otras el dirige a gusto y con fuerza, con un par de señas todo se comprende. Zorn anima a Baron a que toque con mayor velocidad. Parece todo tan fácil. Un equipo perfecto, todos agregan, además de su instrumento, su toque, su personalidad al ensamble, su esencia. Cuatro partes de una máquina ideal. Eso es Masada y un millón de cosas más. 10.20 termina el show después de salir del escenario por tercera vez. Un poco corto, más bien bastante. Una hora y veinte es poco, pero aunque hubiesen sido 2 o 3 horas igual hubiese quedado con gusto a poco, puesto que con Zorn siempre hay mucho paño que cortar.

lunes, 12 de marzo de 2012

Luz y Sombra en Cannes.


         Uqbar Editores en su Colección de Cine tiene una serie de libros maravillosos. Todos de excelente calidad y de una edición magistral. ¿Qué es el cine moderno?, El Cine de Raúl Ruiz, Evidencia Física, El Cine de Patricio Guzmán, son algunos nombres de la colección que he tenido en mis manos. La mayoría de ellos nacidos a partir de la unión del Festival de Valdivia y la editorial, todo conjugado por alguien que algo sabe de cine: Ascanio Cavallo (aunque hoy por hoy es un crítico algo superado).
El libro, que aún no termino, trata de las peripecias de dos críticos argentinos: Quintín y Falvia de la Fuente. Esta pareja son creadores de la revista de crítica de cine "El Amante", y que en esta oportunidad se reunen textos escritos durante 9 años seguidos en el Festival de Cannes, desde 1997 hasta 2005. 
        Lo genial del libro es que no solo se trata de crítica pura y dura, sino que también de casualidades que se dan en aquel mundo, de situaciones incómodas y agradables conjugadas en todo momento con críticas de películas que ven cada día. Seis por día en algunas oportunidades. Comidas en restaurantes malos y otras en buenos, todo una vida nueva ante las pantallas del festival francés. En muchos momentos queda claro que lo bien o mal que lo pasan se determina según si las películas son buenas o malas. Críticas furiosas, a veces despiadadas, otras (las menos) solo salen aplausos, y así, el que ve muchas películas sabe de que estoy hablando: La esperanza inagotable de ver algo realmente bueno.
            Todo se analiza desde un punto de vista que a mi me agrada más que todo, y es el hecho de que se habla de vanguardia, se premia y se aplaude lo nuevo, lo joven, lo atípico, y por el contrario se basurea lo académico y la sensibleria a punta de escenas sacadas de teleserie. Eso, por lo menos a mi me agrada, ya que hace sentir que no solo a uno le interesa lo extraño y original, sino que a muchos. Si llegan a escribir en un momento algo así como esto: "Mientras más abstracto mejor". Todo aderezado con cuotas de humor de gran talento, magnificamente escrito, perfecto. Siempre, sin embargo, ante la cruel realidad: La mayoría de las películas son malas y tan solo un puñado es realmente digno de ver.
      Ahora, claro está, si alguien quiere leer este libro tiene que tener muchas películas sobre el cuerpo, muchas Palmas de Oro, Premios del Jurado, mucho cine oriental, mucha vanguardia noventera, mucho de cine iraní, poco francés (da lo mismo), de Manoel de Oliveira hasta Tsai Ming Liang, en resumen te tiene que gustar mucho el cine sino vas a perder el tiempo ante un oceano de directores, años y películas. Escrito para aquellos que incluso preferimos no salir por ver una película, que lo preferimos por sobre los amigos, incluso, jajaja, por sobre las mujeres (a veces) y que somos capaces de ver hasta unas 15 películas un fin de semana, parando solo para ir al baño o cocinar, y que nada más importa sino solo la imagen en movimiento en la pantalla.

    No escribo más, y sigo leyendo, y luego mirando algo, quién sabe, quizá me encuentro ante una obra maestra y ahora solo pierdo inutilmente el tiempo escribiendo algo que a pocos le interesa.

domingo, 19 de febrero de 2012

Enter the Void (Gaspar Noé, 2009)


Pareciera buscar las respuestas últimas, las difíciles o imposibles de hallar.
Una cámara que vaga circularmente, buscando, indagando en aquello que empezó pero que no se sabe cuándo. ¿Cuál es el origen de la tragedia? No solo de ellos, sino de la de todos ¿cuándo todo empezó a funcionar mal? ¿Es el destino o solo se trata de suerte?¿o es más bien que todo siempre ha sido disfuncional y solo a ratos la vida es diversa de aquello?
Gaspar Noé, al parecer busca y busca, retrocede, duda, avanza, se descoloca, talvez su intención no es encontrar y solo el buscar es su vocación. No sabe muy bien las respuestas o más bien se trata de que aquellas no existen. En esa exploración artística se encuentra con Haneke, quien tampoco, con más seriedad y menos excesos, encuentra algo.
En “Solo contra Todos”, su búsqueda era casi efectista, una indagación facilista y que trataba de impactar por sobre hacer pensar, tanto así, que el causa-efecto es insípido y obvio. La investigación de lo inaugural lo lleva a contar desde el final en “Irreversible”. La violación es solo pirotecnia y sensacionalismo en una película que tenía por objeto otro distinto: Nuevamente el origen de la tragedia, aunque este sea casi de teleserie.
“Enter the Void” debe ser la máxima expresión del espíritu del director argentino, talvez la película que siempre quiso realizar. Es probable que ha llegado a su madurez artística. Una escalera en descenso que dura excesivos 159 minutos, aunque por momentos suceden cosas más que interesantes como la muerte del protagonista, dándonos a conocer que ese es el comienzo de la desventura, sin embargo, todo empezó antes y eso que antes había empezado también tenía un principio, y sus efectos desencadenan en otros y estos provocan otras desdichas. O el tema de los hermanos, son temas bien tratados, siempre en círculos, en ordenes elípticos y por momentos demenciales, tal como la cámara que gira y gira en “Irreversible”, una cámara que no es más que el reflejo de la idea de origen y fin del artista, una relación mancomunada, tal como un ouroboros.  Planos siempre en picada (desde arriba) como si un maldito demiurgo observara su fatal creación. Observación a distancia de una realidad en la cual no quiere verse comprometido. No quiere entrar al vacío.
Noé es un buen director, pero tiene una ética compleja, no sé muy bien si su indagación es parte de esa ética, o si es la falta de esta la que lo lleva al exceso, o es quizá que su incertidumbre y perplejidad lo llevan a lugares más bien incómodos o incomprensibles (las relaciones sexuales, pene incluido, al final de la película). Pero es esa misma exploración, con la calificación que tenga, la que lo hace ser un director, más por esta película, que merece sino fanatismo mucha atención.