lunes, 12 de marzo de 2012

Luz y Sombra en Cannes.


         Uqbar Editores en su Colección de Cine tiene una serie de libros maravillosos. Todos de excelente calidad y de una edición magistral. ¿Qué es el cine moderno?, El Cine de Raúl Ruiz, Evidencia Física, El Cine de Patricio Guzmán, son algunos nombres de la colección que he tenido en mis manos. La mayoría de ellos nacidos a partir de la unión del Festival de Valdivia y la editorial, todo conjugado por alguien que algo sabe de cine: Ascanio Cavallo (aunque hoy por hoy es un crítico algo superado).
El libro, que aún no termino, trata de las peripecias de dos críticos argentinos: Quintín y Falvia de la Fuente. Esta pareja son creadores de la revista de crítica de cine "El Amante", y que en esta oportunidad se reunen textos escritos durante 9 años seguidos en el Festival de Cannes, desde 1997 hasta 2005. 
        Lo genial del libro es que no solo se trata de crítica pura y dura, sino que también de casualidades que se dan en aquel mundo, de situaciones incómodas y agradables conjugadas en todo momento con críticas de películas que ven cada día. Seis por día en algunas oportunidades. Comidas en restaurantes malos y otras en buenos, todo una vida nueva ante las pantallas del festival francés. En muchos momentos queda claro que lo bien o mal que lo pasan se determina según si las películas son buenas o malas. Críticas furiosas, a veces despiadadas, otras (las menos) solo salen aplausos, y así, el que ve muchas películas sabe de que estoy hablando: La esperanza inagotable de ver algo realmente bueno.
            Todo se analiza desde un punto de vista que a mi me agrada más que todo, y es el hecho de que se habla de vanguardia, se premia y se aplaude lo nuevo, lo joven, lo atípico, y por el contrario se basurea lo académico y la sensibleria a punta de escenas sacadas de teleserie. Eso, por lo menos a mi me agrada, ya que hace sentir que no solo a uno le interesa lo extraño y original, sino que a muchos. Si llegan a escribir en un momento algo así como esto: "Mientras más abstracto mejor". Todo aderezado con cuotas de humor de gran talento, magnificamente escrito, perfecto. Siempre, sin embargo, ante la cruel realidad: La mayoría de las películas son malas y tan solo un puñado es realmente digno de ver.
      Ahora, claro está, si alguien quiere leer este libro tiene que tener muchas películas sobre el cuerpo, muchas Palmas de Oro, Premios del Jurado, mucho cine oriental, mucha vanguardia noventera, mucho de cine iraní, poco francés (da lo mismo), de Manoel de Oliveira hasta Tsai Ming Liang, en resumen te tiene que gustar mucho el cine sino vas a perder el tiempo ante un oceano de directores, años y películas. Escrito para aquellos que incluso preferimos no salir por ver una película, que lo preferimos por sobre los amigos, incluso, jajaja, por sobre las mujeres (a veces) y que somos capaces de ver hasta unas 15 películas un fin de semana, parando solo para ir al baño o cocinar, y que nada más importa sino solo la imagen en movimiento en la pantalla.

    No escribo más, y sigo leyendo, y luego mirando algo, quién sabe, quizá me encuentro ante una obra maestra y ahora solo pierdo inutilmente el tiempo escribiendo algo que a pocos le interesa.

domingo, 19 de febrero de 2012

Enter the Void (Gaspar Noé, 2009)


Pareciera buscar las respuestas últimas, las difíciles o imposibles de hallar.
Una cámara que vaga circularmente, buscando, indagando en aquello que empezó pero que no se sabe cuándo. ¿Cuál es el origen de la tragedia? No solo de ellos, sino de la de todos ¿cuándo todo empezó a funcionar mal? ¿Es el destino o solo se trata de suerte?¿o es más bien que todo siempre ha sido disfuncional y solo a ratos la vida es diversa de aquello?
Gaspar Noé, al parecer busca y busca, retrocede, duda, avanza, se descoloca, talvez su intención no es encontrar y solo el buscar es su vocación. No sabe muy bien las respuestas o más bien se trata de que aquellas no existen. En esa exploración artística se encuentra con Haneke, quien tampoco, con más seriedad y menos excesos, encuentra algo.
En “Solo contra Todos”, su búsqueda era casi efectista, una indagación facilista y que trataba de impactar por sobre hacer pensar, tanto así, que el causa-efecto es insípido y obvio. La investigación de lo inaugural lo lleva a contar desde el final en “Irreversible”. La violación es solo pirotecnia y sensacionalismo en una película que tenía por objeto otro distinto: Nuevamente el origen de la tragedia, aunque este sea casi de teleserie.
“Enter the Void” debe ser la máxima expresión del espíritu del director argentino, talvez la película que siempre quiso realizar. Es probable que ha llegado a su madurez artística. Una escalera en descenso que dura excesivos 159 minutos, aunque por momentos suceden cosas más que interesantes como la muerte del protagonista, dándonos a conocer que ese es el comienzo de la desventura, sin embargo, todo empezó antes y eso que antes había empezado también tenía un principio, y sus efectos desencadenan en otros y estos provocan otras desdichas. O el tema de los hermanos, son temas bien tratados, siempre en círculos, en ordenes elípticos y por momentos demenciales, tal como la cámara que gira y gira en “Irreversible”, una cámara que no es más que el reflejo de la idea de origen y fin del artista, una relación mancomunada, tal como un ouroboros.  Planos siempre en picada (desde arriba) como si un maldito demiurgo observara su fatal creación. Observación a distancia de una realidad en la cual no quiere verse comprometido. No quiere entrar al vacío.
Noé es un buen director, pero tiene una ética compleja, no sé muy bien si su indagación es parte de esa ética, o si es la falta de esta la que lo lleva al exceso, o es quizá que su incertidumbre y perplejidad lo llevan a lugares más bien incómodos o incomprensibles (las relaciones sexuales, pene incluido, al final de la película). Pero es esa misma exploración, con la calificación que tenga, la que lo hace ser un director, más por esta película, que merece sino fanatismo mucha atención.

jueves, 16 de febrero de 2012

Formas de Volver a Casa de Alejandro Zambra

Mi Olimpo literario nacional es una trilogía: Diamela Eltit, Roberto Bolaño y Alejandro Zambra. La primera por su lenguaje y narración vanguardista. El segundo por ser uno de los mejores narradores que he leído (peleando a combos con Cormac McCarthy y varios estadounidenses más). El tercero por su prosa completamente emotiva, melancólica y poética, que envuelve todo con una precisión de cirujano. Sus frases por momentos son más bien versos. Precisión de poeta, pero evidentemente que no se trata de una precisión fría apática, sino que es todo lo contrario: emoción. Al parecer Zambra es así en su cotidianidad, o por lo menos así lo parece en sus entrevistas, como la de “Ojo con el Libro” de Via X. 
La precisión poética de Zambra queda de manifiesto de inmediato en su primera novela “Bonsái” (que se llevó al cine hace muy poco e incluso estuvo en Cannes), una historia de amor-desamor entre lectores salvajes, una preciosa exactitud de poquísimas páginas, que le dan a la obra un aspecto de perfecto resumen. Su segunda novela, “La vida privada de los árboles” es también una maravilla, ambigua y de escasas páginas, trata de una familia que se destruye inexplicablemente. Ambas novelas son narradas con una prosa original y algo circular, recomendables absolutamente. “Bahía Inútil” (que aún no he leído) y “Mudanza”, trabajo original en lo formal (repeticiones) y bello en su temática, son dos libros de poemas. 
Su última novela, “Formas de volver a casa”, no se aleja demasiado de las características de sus anteriores trabajos, lo cual demuestra que estamos ante un escritor de gran estilo, actitud y personalidad. Este tercer trabajo se divide en cuatro capítulos acerca de una misma historia que aborda ásperos temas políticos (del pasado? del presente? del futuro?) pero no de la perspectiva de los directamente afectados sino de una diversa (algo similar a “Bosque Quemado” de Brodsky). Es el punto de los niños, de los que poco entendíamos acerca de lo que pasaba durante la Dictadura, y que sin embargo, nos quedamos para siempre con aquellas sensaciones que sentíamos venir de nuestros padres, de los diarios, de la tv, en fin, de la información que llegaba casi como por casualidad a nuestros sentidos. Eso se alojó, se quedó. 
Zambra esta vez creo que juega más al narrador, al contador de historias, no le queda mal el traje, pero los puntos máximos no llegan con la historia, a pesar de ser buenísima, sino con su prosa poética, sus declaraciones de sensaciones, sus ideas versificadas: “Pensé: de qué tienen cara mis padres. Pero nuestros padres nunca tienen cara realmente. Nunca aprendemos a mirarlos bien”, hablando del recuerdo y su verdad rotunda. El amor fracasado: “Nuestro problema fue justamente ese, que no mentíamos. Fracasamos por el deseo de ser honestos siempre”, y es claro su precisión abarca con maestría también el amor, el amor que vive o el del pasado que se recuerda, que habita en nosotros igual que toda nuestra historia, que nos marcó, que nos hace ser como somos. Nuestra historia personal mezclada con la historia colectiva, nuestro mito que reaparece a cada instante y que espera: “....con paciencia el momento de salir al escenario, aunque el público hace rato que se fue”. 
Una novela precisa como todo Zambra. 

viernes, 20 de enero de 2012

¡Sé fuerte, oh hombre!

"Soy la Serpiente que da Conocimiento y Deleite y gloria brillante y conmueve los corazones de los hombres con ebriedad. ¡Para adorarme tomen vino y drogas extrañas
desde donde hablaré a mi profeta, y me emborracharé con ellos! No les dañará en modo alguno. Es una mentira, está tontería contra el ser. La exposición de la inocencia es una mentira. ¡Sé fuerte, oh hombre! disfruta, goza todas las cosas de los sentidos y del arrebato; no temas que ningún Dios te niegue a ti por esto."



viernes, 16 de diciembre de 2011

Los Viajes del Viento (Ciro Guerra, 2009)



Es una interesante película, claramente tiene una estética minimalista, muy a lo Luz Silenciosa (2007) de Reygadas, de Gerry (2002) de Gus Van Sant, de El Cielo, la Tierra y la Lluvia (2008) del chileno Torres Leiva, o de mucho del cine argentino (del nuevo) todas estas tienen algo en común: la imagen por sobre el dialogo, y es por ello que se valora, además es poseedora de una fotografía tremenda como elemento independiente, que es esencial en este tipo de filmes. Ahora como pasa con Gerry y la del chileno, sufre problemas de guión, creo que la trama es deficiente, por lo cual hace que el espectador pierda interés y muchas veces se pierda en el motivo de la película, casi como que no existiera el drama, porque existe pero este es pobre: El devolver un acordeón a un hombre del cual no sabemos nada y tampoco se nos revela elemento alguno (salvo al final en el cual vemos su cadáver) es símbolo de una épica falsa o desguarnecida. Claro está que presumimos algo, pero aquella presunción es desilusión a la vez. Creo que su director pecó de exagerado al tratar de ocultar, de dar ambigüedad o llevar al paroxismo lo mínimo y cayó mal parado en uno de los lados del riesgo, más si se toma en cuenta que los actores son amateurs y  por momentos su destreza queda en duda.   
Por otra parte, toma descuidadamente asuntos documentales y reales (fuerza del pueblo colombiano y sus tradiciones, similar a Crónica de una muerte anunciada de García Márquez, de hecho al principio pensé que era algo de ese estilo) y por otros, toca temas casi experimentales, fantásticos (aquella mezcla siempre me ha agradado pero esta vez creo que se exagera en ocasiones malamente) o más bien netamente ficticios: Los tres tipos que presencian o arbitran las peleas de gallos, el duelo a muerte o las personas que trabajan en el desierto (Otra vez el Nobel colombiano, pero esta vez el de 100 años de Soledad). Esta última escena me sugiere más dudas, junto a otras, ya que por momentos me parece que tienen por objeto mostrar una localidad, un plano magníficamente realizado, más que darle peso dramático e incluso narrativo al guión.
Con todo se valora que exista un cine de tal estilo por Latinoamérica, que bien escasos estamos de genios.